Como es una tradición, Melchor, Gaspar y Baltasar recorrieron las calles del centro de la ciudad. La caravana arrancó el Meeks y Laprida y continuó hasta el Círculo Católico de Obreros. A la altura de la Plaza Grigera hubo una ceremonia, suelta de globos y fuegos artificiales.
Miles de familias dijeron presente en la tradicional celebración.

Arriba de los hombros de su papá, Dante no paraba de agitar los brazos. “¡Baltasar, Baltasar, acá!”, gritaba el nene una y otra vez hasta que el Rey Mago le devolvió el saludo. Con una sonrisa enorme en la cara, Eugenia, su mamá, captaba todo con su celular. “Dale, mi amor, ahora acercale la cartita”, le insistía la mujer antes de que su hijo extendiera la mano y le entregara un papel doblado en dos con su nombre y su deseo para esta noche.

Como la familia Martínez, decenas de miles de lomenses disfrutaron de una noche única. Como es costumbre este domingo se realizó el tradicional desfile de los Reyes Magos. Melchor, Gaspar y Baltasar recorrieron las calles del centro de la ciudad en una caravana mágica. El evento fue organizado por el Círculo Católico de Obreros y el Municipio.

Los chicos esperaron con mucha expectativa a los Reyes.

Desde las 19.30, en la intersección Meeks y Laprida, cientos de personas se agolparon para ubicarse en primera fila y presenciar el inicio de la caravana. La expectativa era enorme. Algunos era la primera vez que asistían, otros ya habían participado años atrás. Para hacer más corta la espera, malabaristas, acróbatas y clowns ofrecieron números circenses.

El ritmo y la música estuvieron a cargo de El Ensamble Percusión y las trompetas, los bombos y los clarinetes de la Banda Municipal. En la previa, hicieron sonar clásicos como villancicos navideños así como temas conocidos por todos, como “Pollera amarilla”. Mientras, los nenes se divertían con pomos de espuma y corrían de acá para allá.

“¿Y, cuándo vienen los Reyes?”, se quejó Ludmila justo cuando desde la esquina de Gorriti y Meeks asomó la primera camioneta de la caravana que llevaba a Melchor. “Mirá abuela, ahí están. ¡Vamos!”, soltó sorprendida mientras abría los ojos bien grandes y tironeaba del brazo de Coca, su nona. El clima que se vivió durante la jornada fue ese: de pura emoción.

Hubo malabaristas, clowns y artistas circenses que le pusieron color a la jornada.

El desfile comenzó minutos antes de las 21. Un cordón de Bomberos Voluntarios, Policías y Personal de Defensa Civil se organizó para que la caravana pudiera avanzar sin problemas. La gente se agolpaba contra las camionetas que llevaban a cada uno de los Reyes y los más chicos aprovechaban para saludarlos, sacarse una foto, o entregarle una cartita.

“¡Mirá, ahí viene otro! ¡Levantame por favor!”, le pedía Franco a su tío Víctor, parado casi en la esquina de Boedo y Meeks cerca de las vallas. Una vez que Gaspar pasó el hombre le preguntó: “¿Y, le entregaste la cartita?”. “¡Sí, no lo puedo creer!”, respondió el nene.

Desde los balcones o de la ventana de algún departamento algunas familias tenían una vista privilegiada. La mayoría filmaba todo con su celular y saludaban a cada Rey Mago que pasaba. “¿Y los camellos?”, le preguntó sorprendida María a su papá Oscar. “Los dejaron descansando porque vienen de muy lejos”, ensayó una respuesta rápida el hombre.

Chicos arriba de los hombros de su papá una imagen repetida a lo largo de todo el recorrido.

El desfile avanzó a paso lento las tres cuadras hasta llegar a la avenida Hipólito Yrigoyen. Una autobomba hacía sonar la sirena para anunciar que los Reyes ya llegaban. En la cabecera artistas locales le ponían todo el color y atrás por primera vez marchaban los perros de la unidad de búsqueda y rescate del Municipio junto a sus adiestradores.

Casi en el tramo final del trayecto, Lorena esperaba junto a sus tres hijos, Benjamín, Jonathan y Priscila, adentro de las vallas. A Melchor y Gaspar apenas alcanzó a saludarlos y a sacarles una foto. Distinto fue con Baltasar que cuando vio que Benjamín estaba en silla de ruedas, paró, se acercó y le extendió la mano. “Fuerza hijo, te quiero mucho”, le dijo.

Por la avenida, la caravana avanzó más rápido. Cuando llegaron a la Plaza Grigera, los Reyes se bajaron y se subieron al escenario que estaba montado de frente al Palacio Municipal.

Como marca la historia homenajearon al Niño Jesús en el pesebre viviente que fue recreado y le entregaron una serie de ofrendas, como oro, incienso y mirra.

En el escenario ubicado de frente al Municipio se recreó un Pesebre viviente.

Monseñor Jorge Lugones resaltó la importancia de esta fecha y remarcó su “alegría” de ver “tantos niños con sueños” y “con la ilusión intacta”. Pidió “por la unidad y la paz” de todos los lomenses y “que Dios les de un año de paz, bendición y alegría a todos”.

"Gracias por acompañarnos otro año más, es una alegría compartir con todos una noche tan hermosa", sentenció el Obispo e invitó a todos los vecinos a acercarse hasta la Catedral para estar cerca a la virgen, que ayer a la noche estuvo abierta para todos los vecinos.

A un costado, el intendente de Lomas, Martín Insaurralde, siguió de cerca la ceremonia, acompañado de su esposa, Jesica Cirio, su hija Chloé. También estuvieron presentes funcionarios de su Gabinete y representantes de entidades de bien público.

Monseñor Lugones destacó la importancia de la jornada y pidió por "la unidad y la paz" de todos los lomenses.

Participaron el presidente de la Cámara de Diputados bonaerense, Federico Otermín, la diputada nacional Daniela Vilar; el titular de la Cámara de Comercio de Lomas de Zamora, Alberto Kahale, el presidente de la Asociación de los Bomberos Voluntarios de Lomas, Daniel Vicente, y el presidente del Circulo Católico Obrero, Oscar Cioffi.

Martín junto a Jesica Cirio y su hija Chloé.

Tras una suelta de globos rojos, azules y blancos, los colores que representan al Municipio, llegó el momento de los fuegos artificiales de bajo impacto y de un show de luces. Con la música de Soda Stéreo las calles de Lomas se iluminaron de todos los colores.

Finalmente la caravana continuó como siempre unas cuadras más, hasta la puerta del Círculo Obrero Católico, donde algunas familias aprovecharon la oportunidad para sacarse fotos personales con los Reyes, ya que la multitud había quedado atrás.

Hubo fuegos artificiales de bajo impacto sonoro.