Juan Miguel Wolk, quien fue jefe del Pozo de Banfield durante la última dictadura militar, murió a los 92 años mientras cumplía prisión domiciliaria en la ciudad de Mar del Plata. Dejó atrás una historia oscura ligada a crímenes de Lesa Humanidad, que incluyó la simulación de su propia muerte para huir de la Justicia.
El represor tenía arresto domiciliario en un dúplex ubicado en Punta Mogotes. Personal de seguridad había montado una garita para custodiarlo en forma permanente. En los últimos días, vecinos de la zona notaron la presencia de ambulancias en la vivienda y que luego se retiró la garita. Poco después se confirmó que Wolk había fallecido.
“El Alemán”, como lo conocían mientras estaba en funciones, había sido condenado a prisión perpetua en 2024 por los tormentos aplicados en el Pozo de Banfield. Era el máximo responsable del centro clandestino de detención ubicado en Siciliano y Vernet, en Villa Centenario. Desde ese lugar, decidió el terrible destino que tuvieron cientos de detenidos, entre ellos, los estudiantes asesinados en la Noche de los Lápices.
El Tribunal Oral Federal Nº1 de La Plata declaró a Wolk culpable de los delitos de privación ilegal de la libertad, amenazas, aplicación de tormentos, abuso sexual, aborto forzado, reducción a la servidumbre, homicidio, desaparición forzada y sustracción, retención y ocultación de menores.
Un año antes, le aplicaron la pena máxima en el Juicio “Hogar de Belén”, acusado de ser uno de los policías que intervino en el asesinato de seis personas en San José y en Llavallol, y en la apropiación de los hermanos Ramírez, ultrajados en el mencionado hogar de Banfield.
El represor que fingió su muerte
Wolk, el jefe del Pozo de Banfield.
Wolk había tenido su primera condena en 1986. Le habían dado 25 años de prisión en el marco de la “Causa Camps”. Sin embargo, poco después fue beneficiado por las leyes de obediencia debida y punto final. Durante más de un década vivió en el anonimato y con total tranquilidad, hasta que los “Juicios por la Verdad” realizados en La Plata y un pedido de extradición del juez español Baltazar Garzón lo pusieron nuevamente en el radar de la Justicia.
Es acá cuando vino la parte más insólita: a Wolk lo dieron por muerto. En esos procesos se había presentado un certificado de defunción falso y la propia Justicia argentina consideró que el jefe del Pozo de Banfield había fallecido.
Sin embargo, la mentira se descubrió gracias a Marta Ungaro, hermana de Horacio, uno de los jóvenes desaparecidos en la Noche de los Lápices. Marta trabajaba en la Cámara Electoral bonaerense y observó que Wolk seguía apareciendo en los padrones. No pasó mucho tiempo hasta que descubrió que el represor no estaba muerto, sino que vivía en Mar del Plata y que, de hecho, seguía cobrando él mismo su jubilación.
Detención, fuga y caída del jefe del Pozo de Banfield
Wolk, por videollamada, durante el juicio del Pozo de Banfield.
Marta hizo la denuncia inmediatamente ante el Juzgado Federal N°3 de La Plata. Así logró que detuvieran a Wolk en 2008 y que lo procesaran por los secuestros, torturas y asesinatos en el Pozo de Banfield. No obstante, le concedieron prisión domiciliaria.
Después de cuatro años de apelaciones, Wolk estaba a punto de ser llevado a una cárcel común, pero se fugó. Su desaparición fue denunciada por su propia hija, quien era policía y garante de que se cumpliera el arresto domiciliario.
No se supo nada de Wolk hasta 2013, año en que la Policía lo encontró en la casa de su hermano. Por un tiempo estuvo en prisión, pero volvió a recibir el beneficio del arresto domiciliario que cumplió hasta sus últimos días.
Desde su casa, por videollamada y ya con un semblante débil y avejentado, escuchó las condenas por los delitos en el Pozo de Banfield y también por el caso del Hogar de Belén, que le pusieron punto final a su larguísimo derrotero y a la búsqueda de justicia por tantos crímenes de lesa humanidad.