“Las despedidas son esos dolores dulces”, cantan, y con bastante razón, Los Redonditos de Ricota en el tema “Gualicho” y para los alumnos del último año, tanto de la Primaria como de la Secundaria, está sensación los invade a esta altura del año.

Son sentimientos que afloran cuando ya tienen un pie afuera de la institución que por años los tuvo y los contuvo.

Si bien nada impide que dejen de verse con frecuencia, los niños de Primaria saben que no todos van a seguir juntos en la instancia que se les viene y son conscientes que se van comenzar a desparramar por varias escuelas Secundarias.

La escuela nueva también ofrece nuevos amigos y actividades y naturalmente se van perdiendo lentamente aquellos afectos, pero nunca dejan de estar en el recuerdo.

Los más grandulones de la Secundaria que pasan sus últimos días en el cole, mesas de examen mediante, la tienen más clara y están al tanto que los que se le viene por delante no es moco de pavo.

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En esta entrada al mundo adulto, o al menos en un intento de ingreso a un universo distinto, cada cual comenzará a atender su juego, y esas son las reglas y no otras. Los nuevos lugares y horarios de estudio y también de trabajo hacen que cada uno comience a crear una nueva forma de vida, que genera una crisis para donde se la mire.

Incluso alguno tenga que armar las valijas para estar más cerca de la facu que eligió para seguir su vocación. Este cambio es más amplio, incluso de casa, de barrio y casi todo.

“Ya se les termina la joda”, le dice al pasar una preceptora compinche sobre el mundo que se les viene por delante, aunque a algunos con Síndrome de Peter Pan no les guste ni un poco y prefieran vivir en un viaje de egresados a Bariloche permanente.

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Cada cual tomará su camino y quizá algunos se vean poco y nada en el futuro, pero algún día, tal vez lejano, se topen en la calle y después de un fuerte abrazo recuerden aquellos días con una sonrisa de oreja a oreja.

Días de despedidas, con llantos a mares incluidos y el sabor agridulce de una etapa de que esfuma para siempre, las que también hay que saber aprender a disfrutar, para llevárselas en el corazón y también en miles de fotos en el celular.