¿A quién le gusta ir al médico? No hay que generalizar, pero calculo que a casi nadie. Por lo general, las visitas a un profesional de la salud implican tener que pasar un buen rato en la sala de espera y suelen venir acompañadas por algún dolor corporal que no nos deja en paz. De todas formas, queridos amigos de La Unión, hay que agradecer tener la posibilidad de hacerlo…

A fines del siglo XIX, allá por los inicios de Lomas de Zamora como ciudad, la medicina era ejercida por muy pocos profesionales. Recién en 1887 tuvimos al primer médico municipal. El distrito no contaba por ese entonces por hospitales ni sanatorios y los vecinos enfermos debían ir a ver directamente a los médicos a sus casas. Por supuesto que eran requeridísimos y conseguir un turno solía ser complicado. Por esta razón, la colectividad británica decidió fundar en 1887 la Victoria Convalescent Home en Llavallol, dependiente del Hospital Británico de Capital Federal. En aquellos días, Temperley recién empezaba a nacer como pueblo y la mayoría de sus viviendas eran quintas eran de veraneo de familias acomodadas de Buenos Aires, por lo que no estaba la urgencia de construir más centros asistenciales.

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El primer gran hospital de Lomas, el Gandulfo, todavía una referencia en el sur del Conurbano, fue inaugurado recién en 1906 y la ambulancia del cuerpo de Bomberos Voluntarios de Lomas de Zamora fue adquirida en 1911. Un poco antes, el 26 se septiembre de 1908, era construido el Asilo de Alienadas y luego el Hospital Interzonal José Estévez, en la quinta de los Varela, en la calle Garibaldi al 1400. El doctor Estévez, junto con los doctores Cabred y Borda, se habían especializado en atender y tratar a pacientes psiquiátricos. Hasta entonces, los mal llamados locos eran internados en hospitales comunes.

De allí en adelante, el desarrollo de la salud en nuestro distrito no se detuvo. El 9 de noviembre de 1913, por ejemplo, se inauguró el Hospital Español de Temperley, cuyo edificio fue proyectado y construido con estilo y características del modernismo catalán. El establecimiento, que en su momento llegó a ocupar unas 12 hectáreas, se ubicaba en 25 de Mayo al 1500. Dependía de la Sociedad Española de Beneficencia y se financiaba con el aporte de entidades españolas y la embajada ibérica en la Argentina. Hoy, con los viejos y necesarios hospitales todavía en pie, con unos cuantos sanatorios desparramados por todo el municipio y con decenas de clínicas separadas por pocas cuadras en las zonas más transitadas, conseguir un médico es mucho más fácil. Aunque no nos guste esperar, somos afortunados.