Cuanto festejo, celebración o conmemoración haya en el mundo, tiene a su alrededor algún bien a comercializar. Plantada apenas una vez al año y recolectada cuatro meses después, la flor de cempasúchil, de un brillante y bonito color naranja, es la forma con la que se ganan la vida miles de moradores del mexicano estado de Puebla, ya que es una pieza fundamental en la celebración del Día de Muertos.

El cempasúchil, por su color y por su olor peculiar, es un símbolo de las ofrendas para los muertos en México y, según la creencia popular, ayuda a guiar las almas rumbo a estos festejos que llegan a su máxima expresión durante cada 1° y 2 de noviembre.

En el municipio de Atlixco, de unos 100 mil habitantes, el cultivo de esta flor se convierte en una prioridad durante la temporada. Luego, esta flor se distribuye a buena parte del territorio mexicano. El nombre del cempasúchil es de origen prehispánico y se compone de los vocablos en náhuatl “cempohualli”, que quiere decir “veinte”, y Xóchitl, que significa “flor”.

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De esta flor, de la que poco se sabe en Argentina, existen más de 30 variedades y colores. Sin embargo, para el uso que se le da en el mes de noviembre, es la de color naranja.

Esta plantación solo se da una vez al año y tiene un período de cosecha corta de cuatro meses, es decir, desde el mes de mayo inicia el preparado de la tierra y sección de la semilla, posteriormente se siembra, se fertiliza, fumiga y se riega, con la finalidad de tener la mejor cosecha.

Puebla se convirtió en el mayor productor de cempasúchil a partir de que unos 50 municipios de los 217 con los que cuenta la región se dedican a la producción y cosecha anual, logrando que en las 32 entidades de México se pueda consumir este producto en las mejores condiciones.

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Cuenta con una superficie de 1.705 hectáreas de cosecha, lo que se traduce en 15.522 toneladas de flor recolectada en una quincena de municipios de la región.

Los compradores vienen de los estados de Veracruz, Oaxaca, Guerrero, Morelos, la Ciudad de México, Toluca, Hidalgo, Tamaulipas y Zacatecas, entre otros.

Hizo referencia de que esta flor es la que se pone en las ofrendas para invitar a entrar a las casas a los seres queridos que ya murieron.

Según marca la tradición mexicana y expandida también a otros lugares, cada 28 octubre llegan las almas de las personas que perdieron la vida en accidente o muerte repentina, y los días 30 y 31 de octubre llegan las almas de las niñas y niños. Mientras que los días 1° de noviembre llegan las almas adultas y el 2 de noviembre se realizan las bendiciones y entrega de ofrendas en el panteón.