“Uno llega a ser grande por lo que lee y no por lo que escribe”, dijo Jorge Luis Borges en una oportunidad, quizá un poco por falsa modestia y otro tanto porque era realmente un apasionado lector.

En esa misma línea, dejó otro concepto interesante para reflexionar: "Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído."

A propósito de estas palabras, tras su aprobación en el Senado y la Cámara de Diputados de la Nación, en 2012 se instituyó finalmente la fecha 24 de agosto como “Día del Lector”, en conmemoración y homenaje al día del natalicio del autor de “Ficciones”.

La ley promulgada tiene el fin de promover la lectura y la democracia a través de la realización en dicha fecha de actos de divulgación de las letras y de reconocimiento a la obra y a la trayectoria de la máxima figura de la literatura nacional.

Precisamente, Borges nacía el 24 de agosto de 1899, hace exactamente 120 años, en una casona de la calle Tucumán 840.

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La mayoría conoce más a Borges por su legado literario, que por lo que el escritor leyó, que es más de lo cualquiera de pueda imaginar.

Borges heredó una frondosa biblioteca familiar y la mayoría de estos volúmenes pertenecieron a su padre. Según los investigadores, “Tom Sawyer”, de Mark Twain, fue uno de los primeros libros que leyó el futuro escritor en su niñez.

Su relación con la literatura comenzó a muy tierna edad. A los cuatro años ya sabía leer y escribir.

Diría luego, ya con 71 años, que “si tuviera que señalar el hecho capital de mi vida, diría la biblioteca de mi padre. En realidad, creo no haber salido nunca de esa biblioteca. Es como si todavía la estuviera viendo… recuerdo con nitidez los grabados en acero de la Chambers's Encyclopaedia y de la Británica”.

Su familia vivía en Palermo, lejos del Centro, un barrio por entonces habitado por cuchilleros que hacían que el pequeño hijo de matrimonio de abolengo salga poco y nada a la calle y se refugie en la lectura.

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Sin nunca abandonar la lectura, puedo darle rienda a este placer a sus anchas cuando fue director de Biblioteca Municipal Miguel Cané de Buenos Aires, entre 1938 y 1946.

En otra etapa de su vida volvió a estar flanqueado por un tendal de libro cuando fue director de la Biblioteca Nacional entre 1955 y 1973, en tiempos en los que esta institución fusionaba en un edificio de la calle México.

“Su gran biblioteca fue la que heredó de su padre, que venía de su abuela inglesa. Allí conoció a muchos autores. En su biblioteca personal, además, no solo había ejemplares de literatura sino, sobre todo, de filosofía, religión, astrología, matemática y ciencias. Tenía una gran curiosidad”, dijo María Kodama, quien lo acompañó hasta el último día.

Jorge Luis Borges se jactaban más de su condición de lector que de escritor, por eso cada 24 de agosto se celebra este día en su honor.