Los especialistas, los que tienen la posta, aseguran a los cuatro vientos que en estos largos días de cuarentena hay que seguir una rutina, organizar el día de una forma determinada y mantener ese programa en la medida de lo posible.

De alguna forma, lo que aconsejan es organizar el tiempo de la mejor forma y también que no está nada bien dejarse estar por el sólo hecho de que no tenemos mucho contacto con el mundo exterior.

El docente no escapa a las generales de la ley y es como cualquier trabajador que tiene que trabajar desde su casa, o hacer “home office” como dicen algunos más modernosos.

Si alguien cumple un horario de trabajo y acumula una determinada carga horaria semanal, más o menos debería respetarla. Otro tanto para el trabajo hogareño de este oficio, como preparar clases, planificar, corregir y sigue la lista de actividades.

Entonces, si hay que realizar un ida y vuelta con los alumnos tiene que ser en las horas correspondientes a ese curso y a esa materia en particular.

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Las dudas, las devoluciones, el envío de nuevas actividades y todo lo que corresponda al trabajo pedagógico que marcan estos días, tiene que ser en esos horarios. Es una forma de organizarse y organizar a los alumnos también, es una doble función entonces.

Y sí, puede ser un clavo, una materia que arranca a las 7.30 de la matina no es cosa sencilla. ¿Se puede consensuar un Plan B? Se puede establecer un horario menos madrugador y es posible que el alumnado nos dé un OK más grande que una casa.

Imaginate que si lo hacemos despertar tan temprano no nos van a querer ni un poco y mucho menos a la materia en cuestión. Aunque no nos enteraremos, habrá insultos por doquier y las palabrotas también llegarán a la figura del mismísimo Domingo Faustino Sarmiento, el “Padre del Aula”.

Con los del turno tarde la cosa parece más sencilla. Es un horario donde ya deberían estar más que bien levantados, salvo que hayan trasnochado a lo pavote con temporadas enteras de una serie, pero ya entrada la tarde, no hay excusa que valga.

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Con respecto a los turnos vespertino y noche, un horario donde en secundaria hay muchos adultos, la cosa juega con adelantar ciertas tareas.

A sabiendas de que muchos de los que cursan en el horario también trabajan, no está mal acordar un horario que le convenga a la mayoría, sin esperar a que lleguen cansados y con escasas ganas a la noche.

Cumplir con todo lo que requerido en tiempo y forma, sin ser esclavos de una computadora es un desafío para estas jornadas venideras.

Pero los docentes también somos seres humanos, entonces esa organización de tareas debe continuar con la de nuestras vidas personales en tiempos de aislamiento, pero ese es otro capítulo que mejor no tocar en este momento.