Después de luchar durante años para ser padres biológicos, Eduardo Sayago y Graciela adoptaron dos bebés. Pero llegaron las mellizas y la familia se agrandó.
Junto a toda su familia.
Junto a toda su familia.

El deseo de ser papá siempre estuvo presente en Eduardo Sayago (60), el vecino de Temperley Este que nunca imaginó lo que le tenía preparado el destino: comenzó con la esperanza de tener al menos un hijo y hoy es papá de cuatro.

Desde que se casó con Graciela Spinelli quiso formar una familia, pero los problemas para tener hijos comenzaron a presentarse desde un principio y él supo contener a su esposa. “Fueron momentos duros porque no había tantos tratamientos como ahora, se estaban comenzando recién a hacer estudios de fecundación y si bien hicimos intentos, yo perdía los embarazos”, contó Graciela, su esposa de hace casi 40 años.

UN FRENO Y UNA DECISIÓN. Pero Eduardo siempre estuvo ahí para proteger y apoyar a su compañera que se sentía frustrada ante cada pérdida. “Llegó un momento en que Eduardo me pidió parar, tomar un descanso con los tratamientos y ahí decidimos adoptar”, explicó.

Así fue cómo llegaron a la familia Cristian (24) y luego Iván (17): “Se convirtió en un papá súper presente, siempre me ayudó en la crianza y quiero destacar lo trabajador que es Eduardo porque nunca bajó los brazos para poder brindarle todo lo que necesitan sus hijos”.

LA NOTICIA MÁS INESPERADA. Eduardo estaba más que feliz con sus dos hijos varones, pero la vida lo premió después ese gesto tan solidaria y esperanzador que es la adopción. En un control de salud, detectaron que Graciela estaba embarazada. A sus 45 años, esperaba mellizas, que cumplen los 15 años el 12 de julio.

“Fue una felicidad enorme, pero también había miedos que juntos y nuevamente pudimos atravesar”, manifestó Graciela, quien busca homenajear con esta sorpresa a un padre todoterreno.

Eduardo recomienda adoptar y hasta ha brindando testimonio junto a su esposa, sobre su experiencia personal en reuniones dedicadas a promover la adopción. “Para nosotros todos nuestros hijos son iguales, tanto a Eduardo como a mí nos llegó toda esta bendición de grandes, pero sabemos disfrutar cada momento en familia y por suerte hemos formado una familia muy linda”, aseguró Graciela, orgullosa.

“UN LUCHADOR”. Eduardo es un hombre que por diferentes circunstancias de la vida no pudo terminar el secundario, pero siempre supo obtener conocimiento y gracias a su esfuerzo se recibió de técnico electromecánico y en Seguridad e Higiene.

“Mi marido es un luchador de toda la vida y en todos los aspectos, sus hijos lo aman porque está presente en cada momento y siempre supo reflejar los mejores valores para que salgan adelante”, concluyó su compañera de toda la vida, quien supo desempeñarse como una madraza.

Este domingo, el Día del Padre será otra excusa perfecta para que esta familia -ya numerosa- de Temperley Este celebre el camino recorrido y las sorpresas de la vida.