Siempre les cuento que me encanta recorrer el barrio y que, como todo buen periodista, soy un curioso por naturaleza. Unos días atrás, al visitar a un amigo que vive en Temperley, me sorprendí cuando pasé por Esmeralda al 500. Allí llamó mi atención un largo y altísimo paredón. Detrás, me dijeron, se esconde el edificio del que supo ser uno de los colegios más reconocidos de la zona: el Instituto Modelo Saint, que desde hace más de una década aguarda por la ansiada remodelación y reapertura.

En Esmeralda al 500, Temperley.

A fines del siglo 19, en ese terreno estaba ubicada la recordada quinta “Los Pervenches”. Unos años después, un empresario llamado Enrique Saint compró la residencia y vivió allí en las décadas del 1910 y 1920. Aquel ilustre vecino había fundado en Barracas la primera fábrica de chocolates, en 1880. De hecho, la vieja quinta de la calle Esmeralda dio el origen al nombre “Águila”, ya que entre sus frondosos árboles vivía un ave de ese tipo.

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Durante décadas, Águila Saint se convirtió en una marca registrada, un símbolo y el nombre del chocolate en Argentina. Muchos años más tarde, la quinta del chocolatero pasó de manos y se convirtió en una de las tantas escuelas privadas de Lomas. El Instituto Modelo Saint fue fundado en 1962 por una sociedad de docentes, entre los que se destacó Ricardo Bertora.

La institución ganó prestigio en poco tiempo y por sus patios pasaron muchas generaciones de vecinos que usaron el recordado uniforme azul oscuro con detalles en amarillo y blanco. El edificio tuvo varias ampliaciones y reformas, donde funcionaron los niveles preescolar, primario y secundario.

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Un hecho recordado por la comunidad del Modelo Saint fue cuando el 26 de noviembre de 1976, la Fuerza Aérea Argentina entregó una bandera de ceremonias. La enseña nacional fue bendecida y la directora del Instituto, Alicia Suárez de Borria, agradeció la donación. Ésta había sido conseguida por una gestión de exalumnos del colegio, conmovidos por un hecho vandálico cometido por desconocidos.

El Saint funcionó durante décadas sin problemas, pero a fines de 2003, el colegio tuvo que cerrar sus puertas. Deudas, juicios y diversos conflictos societarios hicieron que el enorme edificio de Esmeralda fuera abandonado y quedara en ruinas. Se dijo que otra escuela volvería a funcionar en el lugar. Pero, otra vez, todo se paró. Vecinos y exalumnos siguen esperando.

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