Se conocieron en Bagley en 1944 y se casaron el 22 de enero de 1949: este martes cumplirán 70 años de un matrimonio que se sostuvo con cuidados, peleas, reconciliaciones y mucho compañerismo.
Carmen es la más activa, y Cacho el más sociable.

El aroma a galletita en la planta de Bagley marcó el inicio de una historia con sabor dulce: la de Roberto “Cacho” Zanaboni y Carmen Pedrido, dos vecinos de 92 años que pasaron toda su vida en Lomas, y que el martes cumplen 70 años de casados, décadas en las que predominó el amor, la música, los amigos y la familia.

“Se conocieron trabajando. Mi mamá contaba las galletitas en la fábrica y las empaquetaba. Papá fue escalando posiciones dentro de la empresa”, detalla la hija, María del Carmen Zanaboni.

Parece que un día, a Cacho le pusieron un reto. “Mamá era muy reservada. Y dicen que los compañeros de papá le hicieron una apuesta. El desafío era animarse a hablarle. Ese día, salieron juntos a tomarse el colectivo y para sacar tema de conversación, papá le pidió una revista, pero era la Maribel, muy femenina”, recuerda entre risas María del Carmen.

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A partir de ese día, nunca más se separaron y la rutina fue marcando el ritmo. Al principio salían siempre acompañados por alguien, generalmente la hermana de Carmen. Y el 22 de enero de 1949 dieron el sí. Luego llegó el primer hijo, Héctor, de 68 años, y después María del Carmen, de 52 años.

Entre ambos, la vida cotidiana siempre fue condimentada con respecto, amor y preocupación por el otro.

Cacho aprendió a tocar el acordeón, su gran pasión, y se convirtió en un profesor muy querido. Incluso hoy, sus alumnos, algunos 10 años menos que él, lo visitan y tocan juntos. Por 40 años trabajó en Firestone, y a los 90, fue declarado vecino ilustre por el Municipio de Lomas. Ese día, tocó en el Teatro del Municipio y le entregaron una placa.

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Entre ambos, la vida cotidiana siempre fue condimentada con respecto, amor y preocupación por el otro. Carmen, oriunda de Villa Galicia, es la más activa y Cacho, el sociable, el primero en salir a bailar en una fiesta. Ella se levanta cuando aclara, prepara unos mates en su casa, sobre Gorriti a 1100, y le lleva el desayuno a Cacho a la cama. Después cuida sus plantas, cose, cocina, hace yoga y alimenta a las mascotas: tiene unas tortugas heredadas y a “Misha”, una gata que se ganó el corazón de la familia.

LA GRAN PASIÓN DE CACHO ES EL ACORDEÓN. DIO CLASES Y ES UN PROFE MUY QUERIDO.

Él se entretiene con su auto, la deleita con su música. Y juntos ven la vida pasar, como tomados de la mano. “Se entienden, se ayudan, se pelean y se reconcilian”, dice su hija y concluye: “Pero sobre todo, son grandes compañeros, como si fueran uno solo”.

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DIERON EL SÍ EN LA SAGRADA FAMILIA DE BANFIELD. La primera salida que hicieron juntos fue al Cine Español y a cenar a La Munich, en 1944.

La imagen de la boda.

Cinco años después, se casaron: estamparon la firma en el Registro Civil de Banfield, que estaba sobre Rodríguez Peña, y luego sellaron su amor en la Sagrada Familia de Banfield, adonde irán el próximo sábado a bendecir su unión, esa de la que nacieron dos hijos, tres nietos y cuatro bisnietos.

En junio nacerá su primera tataranieta, que se llamará Alma. Quienes los conocen dicen que están fascinados con su llegada.