El anecdotario de cualquier docente de muchos años en este oficio puede ocupar varios tomos, una verdadera saga impresa de anécdotas escolares. Si estás anécdotas se suman las que les contaron sus colegas de profesión, puede extenderse el número de volúmenes en forma considerable.

Ni hablar si se agregaran las anécdotas que uno le contó al otro y que este a su vez se la trasfirió a un compañero, quien a su vez se relató en un tercero, con un teléfono descompuesto a la enésima potencia.

Esta sumatoria de libros de anécdotas de docentes podría poblar varios estantes de una biblioteca personal de cualquiera. Incluso, para ordenar los tantos, las publicaciones podrían estar ordenadas temáticamente por los distintos tipos de anécdotas.

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No está mal empezar por el principio y que este anecdotario para de los tiempos de estudios, de magisterios, profesorados y otros centros de formación docente. Seguro ahí hay mucho material por exprimir, en especial para meter la mano en el arcón de los recuerdos y de los tiempos juveniles.

El apartado destinado a los alumnos puede llevar infinidad de páginas, incluso casi a modo de hacer catarsis sobre un procesador de texto contando a lo loco y con lujo de detalle los ocurrido en el aula.

Siempre perdonando los nombres y manteniendo el anonimato de los citados, se puede contar los sobre aquellos que nos sacaron canas verdes por múltiples motivos, ya sea por revoltosos o incumplidores en el estudio.

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También se puede añorar con cariño algunas situaciones vividas con las blancas palomitas, incluso momentos desopilantes y graciosos que ocurrieron dentro del salón.

También de los padres de los alumnos habrá mucho por contar y seguro todos tienen anécdotas jugosas en el tintero, lista para contarlas.

Las autoridades no se van a salir con la suya y también habrá anécdotas que las tengan como protagonistas. Es momento de hablar mal de la directora y también de la vice aprovechando el tenor jocoso de las anécdotas para cobrarse algunas, ojo que también puede haber cuestiones positivas en estas memorias.

Y si, los colegas no van a quedar afuera y acá no vale el corporativismo. A sacar los trapitos al sol y contar las mejores anécdotas vividas con los demás profes, las buenas y las malas, todo vale.

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Lógico las vivencias con preceptores, auxiliares y demás actores del sistema educativo dan adentro de la misma bolsa.

De todos modos, al igual que esos mitos urbanos que son casi idénticos en distintos lugares, puede ser que las anécdotas de cada uno de nosotros se parezcan con las del al o la de al lado, será cuestión de cruzar datos y quedarse sólo con las mejores de cada uno y descartas las repetidas, como si fueran las figuritas.