Todos los discursos tienden a parecerse, menos aquellos de los grandes líderes de la historia, casi todo los demás tiende a copiarse de unos a los otros y sólo tener unos mínimos cambios, como para que no sea tan evidente la cosa.

Hagámonos cargo de que en los discursos escolares también abunda el plagio, el autoplagio y el recortar y pegar y todo lo que se le parezca, como en otros tiempos había una sobrepoblación de las hojas amarillas por el paso del tiempo para leer una y otra vez el mismo discurso.

Esto ocurre en los actos del 25 de Mayo, el 9 de Julio y de otras celebraciones patrias, y también en el discurso de fin de año, como para no ser la excepción a una regla inquebrantable desde tiempos de Domingo Faustino Sarmiento.

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Vamos por partes. En el encabezado hay una fija discursiva en la que se debe incluir, en orden inmodificable, a las autoridades, los docentes, los padres y, por último, los alumnos, claro.

Aunque se pueden incluir a otros actores del sistema educativo y de la comunidad en la que se encuentra enclavada la institución, entre otros que pueden colarse a la lista interminable.

Como todo discurso tiene una estructura y para qué andar innovando a esta altura del partido y con este calor que ya no dará tregua por varios meses, no está mal respetarla a ultranza.

Es un clásico comenzar con un racconto de lo transitado en el año en forma cronológica y sin dejar afuera a nadie, tampoco es momento de ganarse enemigos al divino botón, teniendo en cuenta que ya alcanza y sobra con los que todos tenemos por ahí.

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Luego sirve incluir un par de lugares comunes infaltables con la intención de agregar un par de párrafos más al texto para que el discurso tenga al menos más caracteres que un telegrama.

Tampoco fallan jamás alguna acotación sensiblera y hasta alguna cuota de humor e ironía, sin la necesidad de ser Jorge Corona frente a la mismísima directora.

Para finalizar, hay que remarcar con énfasis las últimas palabras que dejen en claro que el discurso termina ahí y luego alzar la mirada con orgullo para disfrutar del sonido de las palmas de la multitud presente en la institución.

Igual no nos engañemos con la ovación recibida, porque quizá muchos no nos hayan escuchado ni dos palabras, pero por las dudas aplauden con entusiasmo desbordante y hasta enrojecerse las manos como para disimular que estuvieron en otra durante todo nuestro largo discurso.

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Después de toda esta ceremonia y finalizado nuestro parloteo, no hay nada mejor que guardar esas hojas a buen resguardo y si es posible tener una copia de reaseguro en la compu, porque nos pueden sacar del paso en otro discurso de fin de año y quizá en otro también.

 

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