La Pesca Milagrosa lleva adelante una labor solidaria en el barrio: entrega la cena tres veces por semana, con el objetivo de contribuir con la sociedad. “Ante la necesidad, no podemos quedarnos de brazos cruzados”, dijo Víctor Rapetti, el pastor del lugar.

La Iglesia Evangélica La Pesca Milagrosa continúa con la ayuda a la comunidad y a sus fieles, en Santa Catalina: pese a que no se pueden reunir y hacer sus actividades cotidianas debido a la pandemia, realizan una olla popular llamada “Lo hacemos entre todos”, tres veces por semana, donde asisten a más de 300 personas por jornada, con el objetivo claro de contribuir con los vecinos. “Ante la necesidad, no podemos quedarnos de brazos cruzados”, dijo Víctor Hugo Rapetti, el pastor de la iglesia.

En la plaza central del Barrio Obrero, cerca de 20 integrantes de la Iglesia Evangélica (varios recuperados de las drogas y las adicciones o con una vida marginal) llevan adelante la labor solidaria y entregan la cena los martes, jueves y sábados. “Hacemos tres menú diferentes en cada jornada, casi siempre damos arroz, fideos y polenta. Desde las tres de la tarde ya nos juntamos a preparar la comida y cerca de las seis comenzamos a cocinar”, contó Rapetti.

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En la primera jornada, que hicieron en abril, utilizaron una olla, pero la demanda superó sus expectativas: hoy en día cocinan con cinco ollas de 100 litros cada una. “En media hora ya no queda nada, la cantidad de vecinos que se acercan es impresionante”, recalcó.

“Recibimos donaciones de los mismos fieles de nuestra comunidad, de algunas organizaciones y de entidades. Eso nos viene muy bien, aunque también nosotros ponemos dinero de nuestro bolsillo para comprar los alimentos”, dijo el lomense, quien luego explicó que, además de la olla popular, ponen a disposición ropa de abrigo y calzado para quienes lo necesitan, tan necesario en estos días de bajas temperaturas.

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"se nos presenta una buena oportunidad para sacar lo mejor de cada uno."
"se nos presenta una buena oportunidad para sacar lo mejor de cada uno."

Rapetti, que trabaja codo a codo con su esposa Karina López, dijo que ya ayudaban a comedores comunitarios de la zona, pero que sufrieron un robo y perdieron elementos para poder cocinar, por lo que debieron suspenderlo, hasta que pudieron adquirir nuevamente las ollas y así surgió la olla popular en la plaza. Cabe destacar que los integrantes de la iglesia no se llevan ningún rédito económico, sino que simplemente lo realizan por el compromiso social que tienen hacia el barrio.

“Tenemos bien en claro que lo que ocurre en el mundo es una tragedia, pero también se nos presenta una buena oportunidad para sacar lo mejor de cada uno, aportando nuestro granito de arena para salir adelante entre todos”, concluyó el pastor.

Aquellos vecinos que desean ayudar a la comunidad a través de la olla popular de la iglesia evangélica, pueden contactarse al Facebook y al Instagram.