Luis Canseco entrena desde los seis años y a los 41 se colgó tres medallas, una de oro y dos de plata en la Copa del Mundo. “La disciplina me dio una buena enseñanza, buenos hábitos y buenos valores”, cuenta.
“El objetivo de un profesor es siempre que el alumno supere al maestro”, dice.|
“El objetivo de un profesor es siempre que el alumno supere al maestro”, dice.

De chico Luis Canseco miraba las películas de Bruce Lee y soñaba pelear como él. Maravillado con su ídolo de la tele, a los seis años, le insistía a sus padres que lo llevaran a aprender artes marciales. Quería practicar Kung Fu, pero como en Ezeiza, su barrio, no había clubes que enseñaran esa disciplina, se tuvo que conformar con el taekwondo.

Esa elección fortuita de la vida lo marcó a fuego, y lo llevó a ser quién es. “La disciplina me dio buenos hábitos, una buena enseñanza, buenos valores. El taekwondo forma muy bien a las personas, es un modo de vida”, sostiene este vecino, que a sus 41 años, viajó a Foz de Iguaçu, Brasil, para participar por primera vez de una Copa del Mundo en representación del país.

En tres días de competencia se colgó tres medallas: una de oro en lucha de grupos y otras dos de plata, en las categorías de formas y lucha individual. La Selección argentina tuvo un excelente torneo. Sumó 24 podios con 14 preseas de oro, 5 de plata y 5 de bronce, y quedó primera en la tabla. “El nivel fue muy bueno y estuvimos a la altura”, dice Canseco.

La delegación estuvo integrada también por Sol Romero, una joven de Ezeiza, alumna de Canseco, que consiguió dos oros y una medalla de bronce. Para el maestro compartir la experiencia con ella fue “algo muy lindo”. “La verdad que entrenar a la par y haberlo vivido juntos fue genial, sobre todo por el trabajo realizado y los resultados obtenidos. El objetivo siempre de un profesor es que el alumno supere al maestro y ella anduvo muy bien en este caso”, explica.

Canseco es sexto Dan, director del grupo Dan-Gun Taekwondo ITF y desde hace seis años imparte clases en el Ulanova Studio. La enseñanza siempre fue algo que le gustó, ya es docente desde muy joven. Se recibió de profesor a los 19, porque estudiaba en un colegio doble turno, donde tuvo la posibilidad de obtener el título de maestro nacional de músico.

“De ahí viene un poco mi vocación y también de mi amor por las artes marciales”, admite. Su idea de tener un instituto propio nació como un proyecto de escuela, en la Escuela N°10, la “Gregoria Matorras de San Martín”. “Allí empezamos primero con los chicos que eran más terribles y los chicos más tímidos y la disciplina les permitió cambiar mucho su actitud. Luego, por problemas edilicios, nos tuvimos que mudar”, relata.

Ahí se comienza a ver un poco su filosofía sobre este deporte. “El taekwondo te da seguridad, autocontrol y aporta muchas habilidades no sólo a nivel deportivo. Yo soy de la vieja escuela y mi objetivo es rescatar un poco esa tradición. En Dan-Gun lo que siempre tratamos es llevar la disciplina a un nivel más marcial, que para nosotros es mucho más completo”, explica.

Su meta a futuro es que el taekwondo tenga mayor reconocimiento en Ezeiza y que más jóvenes se acerquen a la disciplina. “Como soy docente, mi idea es tratar de implementar esto en las escuelas, de una manera más formal. Tengo un proyecto institucional, que me gustaría presentárselo a alguien, para que empiece a trabajarse como una actividad extracurricular o también, por qué no, a nivel local, en los barrios”, afirma.

su OBJETIVO es que el taekwondo tenga mayor reconocimiento en el distrito.

A pesar del crecimiento que tuvo en los últimos años, el taekwondo es un deporte que sigue siendo muy amateur. Los deportistas, en general, no tienen apoyo ni subsidios de ningún tipo, ya sea de sponsor o de organismos del Estado, para viajar a las competencias o entrenar. “Resulta muy difícil mantenerse en actividad y participar de las competencias. Yo porque tengo trabajo y soy profesor de escuela, pero para mis alumnos se complica. Tuvimos que hacer bingos, organizar rifas, peñas, es decir, hacer de todo para recaudar fondos (para participar del Mundial de Brasil)”, relata.

¿Qué debería suceder para que la situación cambie? “Debería haber más apoyo, porque para que te des una idea, dos alumnos míos que son brillantes, Maximiliano Díaz y Bruno Díaz, no fueron (al Mundial de Brasil) por cuestiones económicas. Ellos estaban en la Selección y tuvieron que renunciar. Hubiesen sido dos medallas más, seguramente”, completa.

Pensando en lo que viene, Canseco ya tiene en la mira sus próximos desafíos. El Panamericano que se va a disputar en Argentina, aún no se sabe si en Corrientes o en Lomas de Zamora, y el Mundial de 2021, que se realizará en Europa. “Ahora hay que seguir trabajando con la mentalidad puesta en eso, y no bajar los brazos”.