La década de 1960, con el crecimiento de la clase media y la aparición de los medios de comunicación, es el período donde las tradiciones que priorizaban la religiosidad de las fiestas dieron lugar al auge del anglosajón Papá Noel y el árbol de Navidad, según una investigación de una historiadora argentina.

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“De los Reyes Magos a Papá Noel. Reflexiones sobre los cambios culturales de la clase media a partir de las formas de celebrar la Navidad, 1950-1970” es uno de los ejes de la tesis doctoral en historia de Natalia Arce.

La presencia, cada vez mayor de Papá Noel “iba en detrimento, no sólo de la figura del Niño Jesús, la cual tendría un descenso a partir de la década del `40, sino que también iba contra la principal festividad infantil: la de los Reyes Magos”, contó a Télam la investigadora.

Arce realizó entrevistas a personas que eran niños en esa época, quienes relataron que en su infancia los regalos los recibían el 6 de enero. "Esa era la verdadera fiesta en la niñez", resumió.

Esta hegemonía de los Reyes Magos “como los únicos proveedores de regalos comenzaría a declinar en los 60, ya que por ejemplo un medio como Para Ti deja de sacar en 1963 su tapa alegórica de la primera semana de enero, para reemplazarla de ahí en más con fotos de sus modelos como en el resto del año”, relató.

Su tarea de indagación abarcó también revisar la prensa de esos años y boletines emitidos por grupos católicos, lo que le permitió determinar que la Navidad “aparece representada como la fecha para hacer los regalos, situación que tiene su correlato en el aumento de los actores disfrazados de Papá Noel en las grandes tiendas, como Gath & Chavez”.

En su recorrido histórico, Arce revisó además las grandes fiestas del peronismo, donde Eva Duarte de Perón era definida por algunos medios “como una `Reina Maga` que ayudaba a los tres míticos personajes -Melchor, Gaspar y Baltasar- en la entrega de juguetes, como ocurrió en un acto, en 1952, realizado en la avenida 9 de Julio y en el que se entregaron cuatro millones de regalos.

Arce identificó los años 60 “con un poder simbólico, por su fijación en el imaginario social como un momento de grandes cambios culturales y de felicidad gracias a la difusión del consumo y el confort”.

En ese contexto, es en 1967 donde “la presencia del arbolito, así como la de Papá Noel, son aceptadas como un hecho más de la realidad. Ahora, el énfasis se pone en la construcción de una nueva ética personal y social, que implicaba tanto la mejora de las relaciones con los adultos, en obvia referencia a los conflictos intergeneracionales, como la búsqueda de igualdad y paz política”.

Esta tendencia se encuadra en “la nueva interpretación eclesial del festejo navideño y sus implicancias prácticas que vería la luz con el Concilio Vaticano II (1962-1965), enmarcada en la corriente que se autodenominaría como `liberadora` y que será vista por quienes se hallaban fuera de la Iglesia como `progresista`”.

Este progresismo local es resaltado por Arce al recordar a los obispos Alberto Devoto, de la diócesis correntina de Goya y a monseñor Enrique Angelelli, de La Rioja, asesinado por la dictadura militar.

Devoto, en la Navidad de 1968, no realizó la misa de Gallo -oficio que se celebra la noche del 24 de diciembre- como una manera de apoyar a 21 sacerdotes, que el 20 de ese mes, se manifestaron frente a la Casa Rosada para hacer visible su oposición al gobierno de facto de Juan Carlos Onganía.

Monseñor Angelelli “realizó una intervención similar al festejar en 1971 la misa de Gallo bajo un algarrobo cerca de una villa miseria riojana”, resaltó la historiadora.

Los villancicos y otras canciones sacras “son también reinterpretados en la segunda mitad de los 60, ya que si bien eran parte del acervo tradicional, el nuevo enfoque a favor de los idiomas vernáculos y las culturas de cada región del Concilio, permitió su revival, del cual La Misa Criolla de Ariel Ramírez es indudablemente el mejor ejemplo”, destacó.

La modernización de la sociedad porteña, sobre todo de su clase media a partir de 1950 “inició un proceso de apertura a las novedades extranjeras, en especial a aquellas provenientes de Estados Unidos”, las que aún se mantienen con la primacía de Papá Noel por sobre los Reyes Magos que siguen resistiendo gracias a que los niños aún esperan sus regalos cada 6 de enero.