Maximiliano Molina posee 105 de diferentes materiales y 205 marcas de diferentes envoltorios. “Es un fiel amigo”, dijo sobre la infusión.
“me tomo entre dos y tres termos por día”, aseguró.
“me tomo entre dos y tres termos por día”, aseguró.

Dicen que el mate es un fiel amigo y confidente del ser humano, compañero de charlas o también en la soledad, cuando uno se pone a reflexionar. Si hay alguien que da cuenta de ello es Maximiliano Molina, un lomense fanático de la infusión a tal punto posee una colección de 105 mates de diversos tamaños y materiales, como así también 205 marcas de distintas yerbas, que provienen de lugares como Chile, Uruguay, Paraguay, Brasil y hasta Portugal.

Con una repisa en la cocina a sus espaldas, donde tiene apartados los mates que más usa y que considera sus favoritos, el hombre explicó que la pasión por coleccionarlos comenzó cuando tenía 20 años, gracias a su exsuegra: “Mi mamá tomaba mate amargo con una yerba que se llamaba Bárbara y era horripilante, yo le tenía rechazo y decía que tenía gusto a pasto, entonces la mamá de mi novia, por ese entonces, me convidó uno dulce y me comenzó a llamar la atención”. Una década más tarde inició con la idea de juntar yerbas de distintas marcas.

maxi posee yerbas de chile, uruguay, paraguay, brasil y una de portugal.

Fotógrafo también por hobby, aseguró que la colección empezó con la compra de mates como recuerdo de algún lugar visitado. “Después, amigos, familiares y hasta desconocidos que sabían que yo juntaba me traían de regalo para agrandar el stock. Así me pasó con una yerba que traje de Portugal, me hice conocido por Facebook de un argentino que vive allá y me la mandó en avión”, manifestó Maximiliano.

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“Arranqué juntando cualquier tipo de mate, pero ahora como que estoy más sofisticado y me inclino por los artesanales y los de cuero grueso. Uno de los más caros que compré me salió cerca de $2 mil, pero quiero el mate imperial, uno de los más costosos por tener el borde de plata y vale $5 mil aproximadamente”, especificó el padre de dos hijos, quien aclaró que tiene de materiales como vidrio, caña, asta, porongo, calabaza y hasta uno de mármol.

Para él, el sabor del mate “cambia completamente de acuerdo al material del que esté hecho”. Y que según los sommeliers, el ideal es el de vidrio porque no altera el gusto, pero su preferido es el mate de cuero uruguayo por la amplia abertura para colocar el agua. Además, destacó que las mejores bombillas son las que tienen la punta bañada en oro o las de alpaca, ya que en ambos casos no quema al tomador.

Quien se desempeña como seguridad en boliches, aseguró que probó la mayoría de yerbas que tiene en su colección porque desde siempre cambiaba la marca de las yerbas a la hora de tomar mate, lo que le brindó una amplia experiencia en cuanto a la calidad  de los sabores: “Hay muchas que tienen sabor a humedad o viejas y no sirven, me doy cuenta enseguida”.

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tiene mates de caña, vidrio, asta, calabaza y hasta de mármol.
tiene mates de caña, vidrio, asta, calabaza y hasta de mármol.

Para conseguir marcas de yerba inusuales, el hombre aseguró que los mejores momentos para buscar son en los paradores al costado de la ruta o en pueblo, ya que muchas veces quedan yerbas que en el Conurbano bonaerense no se visualizan por ser de edición limitada. Además, recurre para comprar en dietéticas y hasta por internet las que provienen del Interior o de otro país.

“Tengo yerbas que me costaron $1. Una de las más viejas es Flor de liz y El hachero, aseguró Maximiliano, para luego declarar que las marcas que más le gustan son Playadito, Mañanita y Liebig, de Misiones.

A la hora de hablar de la preparación de la infusión, Maximiliano detalló que se debe llenar el mate con una medida por encima de la mitad y se debe quitar el polvillo tapándolo con la mano y volcándolo hacia abajo. Luego, se le debe dejar un hueco para echarle agua tibia, para después introducir la bombilla tapando el pico. La cebada debe ser muy suave y mojar solo la mitad de la yerba para lograr una mayor duración. “Creo que la gente se apura para hacerlo, mis amigos me hacen enojar a propósito cuando vienen a tomar mates porque saben cómo yo los preparo. A mí, un termo me dura veinte cebadas sin que se lave la yerba”, argumentó.

Y finalizó: “Me tomo entre dos y tres termos por día. Es hermoso compartir un mate, es un testigo mudo y tiene millones de historias”.