Los Andes no jugó bien, perdió por 2-0 ante Acassuso, y arrancó de mala manera su excursión por la tercera categoría del fútbol argentino. Bartolo y Caballeros, los goles del local.
Los Andes pagó caro sus fallas y comenzó el torneo con derrota. (Foto: Jonathan Rincón)

El estreno de Los Andes en la Primera B no fue el esperado. Acassuso le propinó un golpe inesperado en Ingeniero Maschwitz y le ganó por 2-0 para dejarlo  con algunas dudas en su primer partido oficial.

El Milrayitas arrancó enchufado y todo hacía imaginar que iba a tener un buen comienzo,  pero se desdibujó con el paso de los minutos y pagó muy caros sus errores. El  Quemero, que hizo de local en Deportivo Armenio, no perdonó esas fallas y aprovechó sus dos chances, con un gol de contra y algo de fortuna, y otro sacándole provecho a una duda defensiva de la zaga central.

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Lo mejor de los dirigidos por Kopriva, que sorprendió con un esquema 4-4-2 y dos delanteros definidos, se vio en la etapa inicial. La presión que ejerció desde el medio se hizo notar y tuvo sus chances, la más clara en los pies del juvenil Ortegoza (fue su primer partido de titular), que remató al cuerpo del arquero tras un cambio de frente de Pereira.

Arce no pudo gravitar, estuvo sólo en la generación, y fue reemplazado en el complemento. (Gentileza Jonathan Rincón)

Sin embargo, en un partido deslucido y poco vistoso a los ojos, muy trabado y escasas situaciones, Acassuso entendió qué tenía que hacer para marcar la diferencia: aprovechar su momento y no perdonar. Y eso pasó en el complemento cuando el partido, ya sin luces de ambos lados, se encaminaba a un pálido empate.

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El equipo de Monamarco aprovechó una contra a los 25 minutos y, ayudado por la fortuna, destrabó un 0-0 que parecía inmutable. Matías Rojas recibió el balón cerca de su área tras un tiro libre fallido del Milrayitas y encaró en libertad por la izquierda, pero su remate -débil y mordido- rebotó en la pierna de Contreras y eso es lo que permitió a Bartolo, libre y sin marca, marcar el 1-0.

Los Andes no pudo reponerse de ese golpe, los delanteros estuvieron muy aislados, sin conexiones ofensivas, y los cambios aportaron poco. Por eso, a los 36, y tras una siesta defensiva, Caballero cabeceó entre los centrales y sentenció una historia que a Los Andes lo dejó con varios problemas.