Son cerca de 35 chicos, que en su mayoría viven en Villa Caraza y Fiorito. Con la música lograron cambiar por completo su horizonte.
la experiencia se puso en marcha en marzo de 2019 y de desde entonces no paró de crecer.
la experiencia se puso en marcha en marzo de 2019 y de desde entonces no paró de crecer.

Son hijos de cartoneros. Viven en los barrios más postergados de Lanús. Desde hace un tiempo, a través del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), comenzaron a darle vida a un proyecto musical y con empeño conformaron una orquesta popular. Se hacen llamar “Tras Cartón” y recientemente debutaron con dos conciertos en la Ciudad de Buenos Aires: uno en el Hotel Bauen y otro en el aula Magna de la Facultad de Medicina.

Se trata de cerca de 35 chicos y chicas, de entre 10 a 15 años, que bajo la dirección del charanguista Julián Golman y el acompañamiento de seis docentes de música y diez educadoras, irrumpieron en la escena. Ya cosecharon sus primeras ovaciones, y se presentan como una suerte de continuidad de un antiguo programa del Ministerio de Cultura denominado “Andrés Chazarreta” dirigido a chicos de zonas desfavorecidas.

“Es un proyecto hermoso, pero también difícil. Porque los chicos afrontan contrariedades impensadas, situaciones de las más injustas, porque a veces provienen de entornos cargados de violencia y la música les propone otro horizonte y una nueva forma de vincularse con los otros”, reflexiona Goldman, director general del proyecto.

Los músicos son hijos de familias de cartoneros de una cooperativa con trabajo territorial en Villa Caraza y Villa Fiorito. Hoy tienen como base operativa una sede de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) de Constitución.

“es reparador lo que puede conseguirse con el trabajo musical”, señala Julián Goldman.

La Orquesta surgió como una iniciativa que buscó rescatar y reconstruir aquel programa oficial, que fue parcialmente interrumpido en 2015, y que, entonces, contaba con unas 50 formaciones musicales en distintas provincias y municipios de todo el país.

Según cuenta Goldman, el referente del MTE, Juan Grabois, le propuso a su padre, Rolando, exdirector nacional de Artes del Ministerio de Cultura de la Nación, hacer “300 orquestas”. Goldman le contestó: “Empecemos por una”, recuerda Julián.

Aquella fue la génesis de Tras Cartón, una especie de “piloto” en esta nueva experiencia, que se inauguró en marzo de 2019 y que a largo plazo, propone multiplicarse.

Los primeros resultados obtenidos hasta el momento son más que satisfactorios. “Tuvimos dos presentaciones y ves que los chicos se preparan, los aplauden de pie con lágrimas en los ojos y eso los pone en un lugar que no suelen tener estos chicos”, dice Goldman.

“Con el tiempo ya pudimos ver un crecimiento. En algunos casos son chicos que vienen de entornos de violencia, donde cualquier límite se impone por lo menos con un grito. Y acá los ves relacionándose de otra forma, construyendo otros vínculos, preocupándose por el otro. Es reparador lo que puede conseguirse con el trabajo musical”, relata.

Haciendo un poco de retrospectiva, Julián explica que el cambio es notorio en todos los sentidos. “Recuerdo mi primera semana, en la que aparecí con un montón de ideas musicales y, confrontado con la realidad, tuve que volver y replantear todo. Me tuve que ubicar en otro punto de partida. ‘Para tocar primero tenemos que escucharnos, primero tenemos que generar el clima de una orquesta’, les dije. Y empezamos desde ahí”.

-¿Por qué elegiste enfocarte en este proyecto y no en programas docentes clásicos?

-Creo que en todos los oficios y profesiones es indispensable dedicar un espacio al laburo social, a la construcción colectiva que es, acaso, donde más hace falta estar. Apostar a construir otro tipo de vínculos, transformar realidades. A mí me toca hacerlo desde la docencia y desde la música. En ese punto, Tras Cartón es un proyecto de largo plazo. Comenzó ahora y el plan es que no se termine nunca.