El ala central del edificio sufrió serios destrozos y las áreas de materindad, los quirófanos y el hall debieron ser clausurados. Los médicos se mostraron preocupados por las condiciones en las que tienen que atender a la gente.
Así quedó uno de los quirófanos después de la inundación.

Cuando uno de los enfermeros se asomó a uno de los quirófanos del quinto piso no podía creer lo que sus ojos veían: del techo caían chorros de agua y el sector estaba completamente inundado. Por una falla en un tanque de 25 mil litros, el ala central del Hospital Evita de Lanús sufrió serios destrozos y las áreas de maternidad, los quirófanos y el hall debieron ser clausurados.

La situación tomó por sorpresa a los médicos el lunes por la tarde y a partir de entonces se tuvieron que suspender cirugías y reducir la atención en otras especialidades. Si bien algunos servicios se pudieron restablecer (aunque no completamente) los trabajadores están “preocupados” porque los problemas en el edificio no se terminan de solucionar y se repiten.

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“Lo que ocurrió es que desbordó un tanque muy grande, que tiene mucho volumen de agua y eso entró por los techos. Como era tanta la cantidad de agua, continuó cayendo hasta el segundo piso donde se encuentra el área de maternidad”, relató Sandra Álvarez, profesional del centro de salud y representante de los médicos enrolados en la Cicop.

Los destrozos se extendieron hasta el segundo piso.

Debido al avance del agua, el problema se extendió a casi todos los pisos, se tuvo que cortar el suministro eléctrico en algunos sectores, por lo que de noche los profesionales tuvieron que trabajar a oscuras, y el área de maternidad tuvo que ser cerrada para nuevas internaciones, por una resolución de los jefes del área.

“Esto es algo que estamos viviendo con mucha tristeza, con mucho agobio, porque no solo es brindarle a la población lo que le corresponde, que es una muy buena atención en salud, sino trabajar en condiciones de riesgo para todos nosotros”, agregó Álvarez.

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A pesar de esta situación, el Hospital continúo recibiendo pacientes como si nada y los directivos con urgencia trataron de habilitar dos de los quirófanos para emergencias. Pero los problemas en la infraestructura del edificio eran evidentes: pilas baldes se amontonaban en los pasillos para recolectar el agua que caída y al menos unos 70 paneles de los techos se desplomaron y se rompieron por el líquido que escurría por cada hendija.

Baldes apilados para contener el agua de las goteras.

“Es uno de los hospitales que ha tenido más eventos negativos en los últimos años. Es realmente agobiante y uno entiende que uno no quiera venir a acá a atenderse o a trabajar con semejantes antecedentes”, se lamentó Álvarez, en diálogo con Megafón Radio.