Este fotógrafo, de gran popularidad en su barrio, retrató a varias generaciones en eventos sociales y educativos. Además, recuerda anécdotas de su trabajo.

“Ya les saqué fotos a los hijos y a los nietos de los primeros que fotografié. Hice bautismos, cumpleaños de 15 y casamientos”, recuerda Peter.

Peter es fotógrafo desde hace medio siglo y varias temporadas atrás abrió su estudio en Rafael Calzada, donde retrata con su cámara a varias generaciones de vecinos, siendo un referente en el barrio.

De todos modos, su inicio formal en este oficio tuvo algo de circunstancial en su vida. “Comencé sacando fotos en broma, para mi gusto, para los concursos, les sacaba fotos a mis amigos. Hasta que uno de ellos me dice si puedo ser el fotógrafo del casamiento de su hermana. Yo nunca había sacado fotos en un casamiento”, recuerda.

Ante esta propuesta, fue a ver cómo trabajaban sus colegas de mayor experiencia en la Catedral de Adrogué, para observar qué tipo de tomas y retratos realizaban durante la ceremonia.

Con esa información recogida, hizo su debut a los 20 años en la Iglesia San José de Calasanz, en avenida La Plata y Directorio, en plena Ciudad de Buenos Aires, en un trabajo por el que ni siquiera terminó cobrando.

Luego de ese debut, nunca detuvo su marcha en este oficio, el que -dice- nunca abandonará. “Por ejemplo, hace 50 años que saco fotos en el Colegio Regina de Calzada en las entregas de medallas, ya les saqué fotos a los hijos y a los nietos de los primeros que fotografié. Hice pila de bautismos, pila de cumpleaños de 15 y pila de casamientos”, recuerda Peter, el nombre por el cual es conocido en el barrio y en el mundo de la fotografía.

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Como todos los fotógrafos de la vieja guardia, comenzó en épocas de riguroso blanco y negro en las fotografías y se convirtió en discípulo de grandes maestros, como Barabino Devoto y Pedro Otero.

“Fotografía era la de antes, la de ahora es una imagen impresa en un respaldo digital. Ahora podés hacer lo que quieras, todas las fotos están retocadas. Antes hacíamos todo nosotros y las fotos terminaban según cómo las revelabas. Ahora ponés el efecto piel de durazno y la piba sale en la foto sin granitos”, explica.

ANÉCDOTAS Y GAJES DEL OFICIO. En este medio siglo de fotógrafo, Peter vio absolutamente de todo, incluso situaciones absurdas, peleas familiares y hasta momentos de gran tensión, al margen de haber visto desmoronarse tortas de varios pisos en muchas oportunidades.

“Hemos visto de todo, muchas veces se pudrió todo y pasaron cosas que no se pueden decir. Una vez la novia se peleó con su suegra y no salió de la pieza en toda la noche”, recuerda.

“En un casamiento, el novio se enojó por una broma, sacó un arma y los puso a todos contra la pared, y justo saqué la foto”, revela.

En otra de sus jornadas de trabajo, también captó con su lente un momento muy particular. “En una fiesta, la cosa estaba medio dividida entre la familia de la novia y la del novio, era un fiestón en una casa muy grande y con pileta. Viene uno de los primos del novio y me dice que lo van a tirar al agua. Justo saqué la foto con el novio cayendo a la pileta. El tipo tenía encima el pasaporte, los pasajes, terminó todo mal”, relata ese acontecimiento.

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También quedó grabado en su memoria un hecho ocurrido el 15 de julio de 1982, poco después de la Guerra de Malvinas en el casamiento de un militar. “Unos primos de la novia desinflaron la rueda del auto del novio y le llenaron el motor con basura, donde estaba la rueda de auxilio. El tipo sacó el arma y los puso a todos contra la pared, y justo saqué la foto de ese momento. El tipo vino seis meses después a pedirme esa foto y le dije que no se la daba, por la ley de propiedad intelectual, al final terminé quemando el negativo y la foto delante de él”, señala sobre aquel hecho memorable.

Y UN DÍA NACIÓ «PETER». Peter no se llama de esta forma y tampoco su nombre es Pedro, o nada que se le parezca. Fue bautizado como Peter por Oscar, un viejo fotógrafo de Temperley, con el que trabajó durante 15 años y que también fue uno de sus maestros.

“En fiestas grandes íbamos dos fotógrafos y él empezó un día a llamarme así en una fiesta. Me quedó ese nombre”, apunta, quien no revela el verdadero nombre que está consignado en el documento.

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DE GALICIA A CALZADA. Peter nació en La Rúa de Petín en la provincia de Orense, comunidad autónoma de Galicia, y llegó a instalarse a Rafael Calzada junto con sus padres cuando tenía 3 años. “Siempre digo que soy un argentino nacido en Galicia”, asegura.
Esta llegada al país fue cuando el barrio tenía una fisonomía muy distinta a la actual.

“Estaba todo vacío, era una niñez muy distinta a la de ahora. Me crié en la calle, junto con mis amigos”, recuerda este fotógrafo, que es un gran amante del ciclismo.

En Calzada, Peter armó a su familia: se casó y tuvo cinco hijos, los que ya le dieron 10 nietos. Uno de sus hijos, Juan Pablo, tomó el legado de la fotografía y ambos están al frente de Peter Producciones.

Actual vecino de José Mármol, su estudio sigue firme en Rafael Calzada, en 20 de Septiembre 1528.

TODO ES HISTORIA. Rafael Calzada se fundó el 18 de julio de 1909 en terrenos que pertenecían a los señores Juan M. Monquat, Arturo Peralta Ramos, Carlos Fischer y Juan Chiossone, sucesores del doctor Calzada “en cuyo honor” se fundó la villa.
La nueva localidad nacía con el nombre de Villa Calzada, denominación que mantuvo hasta 1956, en que, en virtud del Decreto Provincial N°244, comenzó a denominarse Rafael Calzada.

Desde su fundación hasta fines de los años ’20 se caracterizó por ser una zona de explotación eminentemente agrícola-ganadera, ya que su mayor riqueza provenía de los productos obtenidos en las quintas, chacras, montes frutales, granjas y tambos.
Esta localidad del partido de Almirante Brown tiene 12,2 kilómetros cuadrados y una población de 56.419 habitantes, conforme al censo de 2001, lo que representa una densidad de 4.625 habitantes por kilómetro cuadrado.