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Cuando Lomas era un lugar para vacacionar

DE PUÑO Y LETRA. Las quintas de la zona tenían enormes terrenos que suponían una muy buena opción para descansar del ritmo frenético de la gran ciudad.

Hace unos días, el Gobierno prohibió la compra en cuotas de pasajes al exterior con tarjetas de crédito. La medida -criticada por muchos, necesaria para otros- generó un impacto indudable en las vacaciones de los argentinos que pueden hacer una escapada: esta nueva medida, sumada al altísimo valor del dólar, hace que viajar "afuera" quede reservado solo para quienes están sobrados a nivel económico. Para el resto, lo más conveniente será recorrer Argentina. Nada que lamentar: tenemos un país hermoso, con gente maravillosa y miles de rincones para visitar.  

Este verano 2022, la mayoría de los argentinos se irá a la Costa Atlántica. Otros se inclinarán por la Patagonia, el Norte o las Cataratas, que visité hace poco. La lista es interminable. ¿Lomas de Zamora? Para los que se quedan, dirán? Pero, queridos amigos de La Unión, esto no siempre fue así: aunque hoy parezca increíble, algunos años atrás nuestra ciudad era un lugar de descanso elegido por muchísimos argentinos. 

Los invito a viajar a las primeras décadas del siglo XX, cuando la precariedad de los caminos y la falta de medios de transporte eran problemas más que palpables en todo el territorio nacional. Los porteños que pertenecían a la más pudiente aristocracia podían darse el lujo de irse a la (por entonces) pujante y distinguida Mar del Plata, pero los otros ciudadanos que no contaban tanto dinero se tenían que conformar con destinos un tanto más accesibles. Uno de los más populares, entonces, era el Sur del Gran Buenos Aires.  

En esa época nuestro partido no era parte de la inmensa metrópoli a la que pertenece hoy en día y las quintas que aquí existían con enormes terrenos suponían una muy buena opción para descansar del ritmo frenético de la gran ciudad. Claro, Lomas no tenía olas, arena ni elegantes chalets como La Feliz, pero contaba con otros atractivos, como amplias casonas y enormes parques llenos de árboles frutales.  

Cuentan los libros de que repasan la historia local que en muchas quintas era frecuente ver almendros, castaños, citrus, nogales, uva, pera, granado y limoneros.

Cuentan los libros de que repasan la historia local que en muchas quintas era frecuente ver almendros, castaños, citrus, nogales, uva, pera, granado y limoneros. En los lotes del barrio también se sembraba papa, batata, maíz y maní. A la hora de la siesta, los hijos de los turistas aprovechaban para buscar los frutos de los ciruelos y los duraznos y así disfrutar de una merienda riquísima y natural. Al atardecer, cuando el calor aflojaba, los pibes salían a correr por los interminables terrenos verdes, en busca de algún arroyo.  

Conel correr de los años y el imparable crecimiento urbanístico que sufrió la Provincia a raíz de la inmigración, aquellos terrenos vírgenes se transformaron en los barrios que recorremos todos los días y, por supuesto, Lomas dejó de ser una opción para las vacaciones de verano. Hoy, durante la temporada, todos buscan la forma de escapar de la rutina e irse lejos del calor del barrio. 

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