En 1951, un partido de fútbol se convirtió en una lucha de clases que incluyó a los políticos de la época y sus fanatismos: un club chico y un club grande, frente a frente. Banfield y Racing debían definir el título aunque, a los ojos de todos, el campeón ya había sido el Taladro.
Por aquellos años, la Academia era el elenco más importante del país. Venía de ser bicampeón del torneo local y arrasaba con sus rivales. Del otro lado, el humilde Banfield venía de campañas regulares dentro de los primeros diez equipos aunque lejos de la economía y los planteles de los cinco grandes.
Sin embargo, hacia finales de ese año, la campaña del Taladro había echado por la borda cualquier pronóstico. De la mano de José Martínez y Félix Zurdo, ganó 17 partidos en 32 fechas y apenas perdió cinco veces. Fue el equipo que menos goles en contra recibió y tuvo al segundo goleador del torneo: Gustavo Albella, con 21 tantos.
Al llegar al final del campeonato, competía con el poderoso Racing por el título y ahí empezaron los problemas. El Taladro tenía mayor diferencia de gol y eso le hubiera alcanzado para ser campeón, pero se cambió el reglamento y se eligió disputar dos partidos en la cancha de San Lorenzo para definir el torneo.
Graneros; Ferretti, Bagnatto; Capparelli, Mouriño, D’Angelo; Converti, Sánchez, Albella, Moreno y Tolosa (reemplazó a Huarte), el equipo de Banfield que salía de memoria, fue la sensación de la época y la propia Evita, siempre cerca de los más humildes, se apegó al sueño de que un equipo chico fuera campeón por primera vez. El problema fue que Racing también tenía peso: por aquella época le decían Sportivo Cereijo, por Ramón Cereijo, el ministro de Hacienda del gobierno de Juan Domingo Perón (también hincha de los de Avellaneda), y por eso gozaba de algunos favores.
Al final, el partido terminó 1 a 0 para la Academia en la vuelta (la ida fue 0-0) y Racing gritó campeón. En el aire quedó la sensación de que a Banfield le habían arrebatado el título que con justicia se merecía y por eso el Diario La Unión tituló: “¡Banfield campeón moral!”, una portada que se replicó en diarios de todo el país.
El recuerdo -ingrato para algunos- fue una mancha que permaneció viva y presente hasta 2009, cuando el Taladro por fin pudo sacarse la espina en la Bombon