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“Ante la realidad de la guerra, temblás: te acordás de todo lo que te importa”

Entrevista. Antonio Franco, ex combatiente nacido en José Mármol, contó su historia en las Islas y cómo superó las secuelas del conflicto bélico. Hoy es runner y valora el deporte. ?Correr me hace sentir libertad?, afirmó.

Las vivencias de los ex combatientes de Malvinas están trazadas por una cronología similar acorde a los hechos que ocurrieron. Sin embargo, a la par, conviven con un sinfín de sentimientos individuales que, en muchos casos, aparecían por primera vez en los cuerpos de chicos de apenas 18 años. La de Antonio Franco, un ex combatiente de José Mármol, es la historia de uno de esos jóvenes que olió sangre en las Islas y pudo volver para contarlo.

Defender la patria, recuperar el territorio, mantener el honor. Son frases hechas que se vinculan con el patriotismo aunque, a la hora de relatar su historia, en Franco florece una descripción más cercana al desamparo y la desprotección con que tuvo que afrontar un conflicto bélico ante una potencia mundial y con tan solo la instrucción del Servicio Militar obligatorio.

Arriba de un Hércules vacío y tras una semana en Río Gallegos, el browniano tocaba las Islas junto a un grupo de trabajo que se encargaría del área de comunicaciones, un sector clave para sobrellevar una guerra. Allí estaría en Puerto Argentino, Darwin y Bahía San Carlos. “A nivel general, nosotros trasladábamos las órdenes de los jefes. En cualquier caso, si no se podía porque se cortaba una compañía por una bomba o no funcionaban las radios, teníamos que ir en persona, quizás a la línea de fuego, para pasar ese mensaje del superior. Y allí era donde ocurría todo: había explosiones, balas que te pasaban cerca, aviones sobrevolando”, contó.

En cuestión de segundos, una situación de tensa calma podía transformarse en un vendaval de balas y heridos por todas partes. “Me ha tocado tener que auxiliar a soldados heridos que quizás habían perdido un brazo o una pierna y lo único que pensás en ese momento es en sacarlo de ahí y en salir vos también. Estás defendiendo tu vida y es una sensación muy intensa que te recorre todo el cuerpo”, detalló. Todo esto en un contexto de limitaciones de equipamiento y de una alimentación mayormente pobre.

Del otro lado, los militares ingleses desembarcaban en cada rincón con experiencia previa, armamento de primer nivel, un estado de salud notable y una estrategia sin fisuras. “Nosotros notábamos hasta la seguridad que tenían para caminar. Nos veían y capaz que sus hijos tenían nuestra edad. Yo me quedó con que, hasta después de pasados los años, siempre reconocieron la valentía de los soldados argentinos y la manera en que les presentábamos batalla. Y a mí nadie me quita de la cabeza que si nos hubiésemos presentado con una estrategia mayor, quizás cambiaba la historia”, agregó.

En los más de 70 días que permaneció en las Islas, Franco atravesaría otros momentos de alto impacto psicológico. “Enterrar compañeros -chicos de su misma edad- envueltos en una bolsa es algo que me tocó hacer pero en ese momento no tenía consciencia en absoluto. Cuando tenés que pelear por sobrevivir, solo reaccionás, no hay tiempo para digerir ni pensar mucho. Lo único que sabes es que tenés un fusil y eso es lo que te puede dar seguridad”, expresó.

Con el desenlace conocido y en el regreso a Buenos Aires, para Franco y miles de combatientes empezaría un conflicto menos sangriento pero igual de tortuoso. Las dos décadas de vida que llevaba en su espalda eran poco camino para poder asumir semejante responsabilidad y salir airoso de ello. Si bien con los años y la terapia lo lograría, el recorrido no sería sencillo. “Es difícil de explicar lo que sentí en esos años pero se podría decir que en 70 días maduras todo de golpe. Es un estrés tan grande que no logras dimensionarlo y a eso se sumaba que nosotros perdimos la guerra, algo que jamás hubiera terminado de digerir sin tener apoyo profesional”, indicó.

“Yo no me sentía preparado para pelear en una guerra. Me llevaba el mundo por delante como cualquier joven pero puedo asegurar que, ante la realidad, temblás: te acordás de Dios, de tu vieja, de todo lo que te importa. Sos como un animal cuando se siente acorralado y reaccionas a ese miedo. No estás preparado para matar a nadie ni para pasar por situaciones difícil pero simplemente lo haces”, remarcó.

LA LIBERTAD DE CORRER. Hoy con 57 años, Franco lleva una vida apegada a su historia personal pero con la sensación de haber superado el tema. Tras muchos años de fumar, en 2013 decidió empezar a caminar, para luego correr y finalmente participar de competencias en todo el país. Allí conformó un grupo de amigos que se llaman 4Locos y encabezan acciones solidarias como la Maratón “Malvinas, Soberanía y memoria” que tuvo lugar unas semanas atrás en conmemoración a los ex combatientes. “Corriendo conocí a Manuel, también ex combatiente, y entre los cuatro que salíamos armamos 4 Locos. Al principio ayudábamos a los ciegos guiándolos en las carreras y después ya pasamos a conseguirles becas, pensiones, calzado e indumentaria. Hasta fuimos premiados por el Senado de la Nación por esa labor solidaria”, contó.

Y, ¿por qué correr? “Malvinas me tuvo encerrado incluso muchos años después. Hoy siento que correr me lleva a la niñez, me da esa libertad de sentir el viento en la cara y estar vos y tu cuerpo en conexión. Busco la manera de disfrutar y hoy me rio, ya no estoy más negativo

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