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“Viajar en Foco”, de Lanús al Interior de la Provincia

Desde 2015. María Laura y Carlos recorren pueblos y parajes de Buenos Aires contando historias y mostrando lo que hay o lo que quedó del lugar. Son influencers del turismo rural y triunfan en Instagram y YouTube.

¿Qué sale de la cruza de un reportero gráfico y una profesora de geografía? “Viajar en Foco”. Como arte del destino, María Laura y Carlos encontraron en los viajes al Interior de Buenos Aires un punto en común para su búsqueda de libertad, fuera de la vida cotidiana en Lanús.

Desde 2015, cuando emprendieron su primera salida a San Antonio de Areco, nunca pararon con el proyecto y hoy se convirtieron en verdaderos influencers del turismo rural. En su cuenta de Instagram (a la que se aggiornaron tras empezar en Facebook) suman alrededor de 21 mil seguidores y tienen un canal de YouTube con casi 6 mil inscriptos y más de 638 mil visualizaciones.

Como muchas historias, la de este matrimonio empezó desde la incomodidad. “En este sentimiento que tienen muchos de que la ciudad es agotadora, empezamos a salir a recorrer pueblos, a hacer fotos y disfrutar de la forma de vida que hay en otras partes de nuestra provincia. Arrancó como un hobby hasta convertirse hoy en un trabajo”, explicó Laura.

En los pueblos y parajes “encontramos esa paz que nos faltaba, esa libertad que no tenés en la ciudad”, dicen. “Esta iniciativa nos motivó muchísimo porque nos permitió también desarrollarnos en nuestros trabajos formales y encontramos que muchos pueblos y parajes no tenían prensa. Nos hizo bien que, como comunicadores, yo desde las aulas y Carlos desde las fotos, pudiéramos compartir lo que estábamos viendo”, comentaron.

En el contenido de sus redes, cada foto tiene una historia y un porqué. Una antigua almacén, una estación de trenes abandonada, una iglesia derruida o una simple cabina telefónica son parte de anécdotas de un poblado chico o algún paraje que empezó a perder vida a partir de la pérdida del tren. “Estos pueblos se quedaron en el olvido una vez que el ferrocarril dejó de pasar. Las estaciones fueron abandonadas en muchos casos y fueron perdiendo población joven. Sin embargo, el turismo rural es un método que sirve mucho para que estos lugares cobren vida y puedan retroalimentarse económicamente pero también emocionalmente porque la gente que vive ahí siente mucha pasión por ser parte de ese pueblo. Cuando te encontrás con ellos, te cuentan con tanta emoción lo que significa estar ahí que te contagian y nosotros queríamos contagiar a más gente a través de lo que veíamos”, indicaron.

Habiendo registrado imágenes de más de 120 pueblos del Interior de la provincia, elegir los mejores no es sencillo aunque el primero nunca se olvida. “Fuimos inicialmente a San Antonio de Areco. Una ciudad un poco más grande pero con espíritu de pueblo y eso nos gustó. El silencio a la hora de la siesta, las fachadas antiguas, los almacenes de ramos generales y las pulperías, la pasividad de la gente, la ropa gaucha que visten en lo cotidiano, los caballos. Ahí arrancó todo”, señalaron.

Uno de los lugares que refleja su búsqueda por ‘lo que alguna vez fue’ es Epecuén, ciudad conocida por haber quedado bajo el agua en 1985. “Hicimos una muestra fotográfica en Uruguay y Argentina, filmamos con un dron la ciudad. Cuando vas, te da la sensación de que hubiera caído una bomba. Es recomendable para los que les gusta la aventura o la fotografía”, expresaron.

En tanto recorrido, las anécdotas aparecen una tras otra. Estos poblados menores siempre tienen algo que contar y de allí surge el color del turismo rural. “Vamos a lugares donde quizás pasó Ricardo Güiraldes o se tomó un mate Sarmiento, nunca sabes con que te vas a encontrar y eso es lo que queremos que se sepa, que se vea. Es hermosa la fascinación con la que te escuchan cuando contás estos detalles. La gente no conoce estas historias y es una lástima. Es lindo saber de nuestro pasado, traerlo a este presente y sentirnos orgullosos de ello”, afirman.

Así, por caso, en Cucuyú “en la puerta de una casa hay dos surtidores de nafta. Los camioneros cargan por su cuenta y van a pagar a la ferretería de enfrente. Nadie se escapa”. En Gorostiaga, “entramos a un almacén que no había nadie y de golpe apareció una señora que estaba preparando la comida. Nos atendió pero nadie se preocupó por lo que pudiéramos hacer ahí. Cuando éramos chicos era habitual en los barrios, hoy esto se ha perdido y en los pueblos sigue sucediendo. Esos pueblos también son Argentina y a veces nos sentimos turistas en nuestro propio país. Ellos van a otro ritmo, el tiempo parece transcurrir más lento porque uno puede conversar, sentarse a tomar mate, las puertas de las casas están abiertas, siempre hay historias para contar”.

El recuerdo más sentido que tienen se dio en Sierras Bayas, al sur de la provincia. “Hace unos años decidimos salir a la ruta 3 buscando un lechero. Sabíamos que por Azul había uno que todavía seguía repartiendo en carro. Fuimos a buscarlo y no aparecía. Nos desilusionamos y terminamos en Sierras Bayas donde nos encontramos con una granja abierta. Había un hombre ahí trabajando, nos pusimos a charlar y de golpe sale un señor vestido de gaucho, se presenta y era el lechero. Un personaje increíble que nos emocionó con su amor por lo que hace. Se llama Cholito y hace años que se levanta a la madrugada, ordeña la vaca y sale a recorrer el pueblo, a repartir la leche a caballo para los que puedan comprar y para los que no también. Deja la leche para toda la gente y en las casas donde hay niños también entrega caramelos”, contaron.

Parece otro mundo, pero 'está acá nomas' y espera a los 'incómodos'.

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