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Dejó su taller de chapa y pintura para hacer barbijos

para llevar el pan a su hogar . Carlos Pérez vende estos elementos de higiene fundamentales en la Estación de Lomas. Por su situación familiar, debió postergar su oficio para salir adelante. "Hay que salir a pelearla", dice.

Trabajaba como chapista en un taller de autos, hasta que la realidad de la pandemia le pegó duro. Frente a esto, y con sensibilidad social, se puso a comercializar un producto fundamental hoy: barbijos.

Carlos Pérez es de Ezeiza y todos los días circula por la estación de Lomas de Zamora para vender los barbijos que produce una señora de su barrio. Vive con su suegro, que también vende estos elementos.

"Mi novia está embarazada de cuatro meses y tenemos que salir a ganar el pan para llevar a casa", cuenta este vecino, que vende los barbijos de friselina de 80.

¿A QUÉ PRECIOS? "Vendemos algo accesible, porque entendemos que todos deben tener el barbijo", dice, y puntualiza que el precio es de $60 por unidad y dos por $100.

"Con mi novia, Evelyn, estamos hace un año y pico. Le voy a contar lo que hice por mi hijo cuando todo esto termine", cie

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