Hay alumnos que son abonados a las excusas, tienen para todos los gustos y algunas de ellas casi que parecen extraídas de los clásicos de la literatura fantástica. Su glosario de excusas es casi interminable y por momentos rozan lo bizarro.

Incluso en ocasiones dicen la verdad, son argumentos ciertos, pero quedan adheridos a las mismas circunstancias que padeció el pobre pastorcito de ese viejo cuento que conocemos todos.

En tiempos de pandemia de Coronavirus y cuarentena las cosas cambian y las excusas también, se adaptan como por arte de magia a los días de aislamiento social.

Ya no valen esas excusas de haberse quedado dormido, de haber perdido el colectivo o que la lluvia impidió la llegada al colegio. Eso ya no juega ahora y ya no valen esos “Es que yo…”.

En cambio surgen de su imaginación otras excusas relacionadas a la educación a distancia y al contacto virtual. “Profe, no me llegó el mail con las consignas del trabajo práctico. Mire que yo chequeo los mails todos los días, pero nada, no lo vi”, dice en un chat un alumno al que ya tenemos junado desde hace rato.

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Por las dudas, el docente chequea que ese correo electrónico sí fue enviado y es ahí cuando comienzan unos verdaderos pasos de comedia.

“Ah, disculpe profe. ¿Sabe qué? El mail está en los no deseados, esos no los miro nunca. Ahí veo su mail, disculpe, pero no lo vi. Le juro que estaba preocupado porque no me llegaba y al resto de los compañeros sí, qué cosa de locos lo que me pasó”, acota, mientras el docente se imagina la cara de “yo no fui”.

Ahora llega otro momento, es cuando viene un pedido lastimero, un ruego medio inventado que ya sabemos de memoria.

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Claro, como el alumno en cuestión asegura que tomó contacto con ese dichoso mail mucho después del resto, viene la pregunta del millón.

“Profe, como yo recién veo el mail, ¿no me daría unos días más? No llego a la fecha que usted nos dio, unos días nada más. Le prometo que cumplo con esa fecha”, dice haciéndose el pollo mojado.

El beneficio de la duda le juega a su favor y esos días extras le son concedidos, casi bajo juramento y sin ninguna postergación más. Una cosa es zarparse en excusas y otra es aprovecharse de un favor recibido, por eso en esa fecha postergada el mail con el trabajo práctico ingresa a la casilla del docente a primer hora de la mañana, enviado casi en ayunas.

Las excusas no descansan, siguen firmes, aunque estemos en cuarentena. Sólo se reinventan mientras siguen gozando de buena salud.