Un vecino propuso crear un “taxi más grande”, otro fue clave para pasar de la madera a la chapa, y un tercero comenzó a fabricar accesorios.

Los colectivos tienen mucha historia en Lomas. Un vecino quiso fabricar un “taxi más grande” para llevar a más gente y lo logró. Un tiempo después, otro lomense comenzó con la fabricación de la carrocería de chapa para suplantar a la de madera. Y, por último, un tercer vecino creó los chiches que los propios choferes compraban para decorar su herramienta de trabajo.

Teófilo Velayos, como otros inmigrantes, llegó a Lomas escapando de la guerra de España junto a primos y vecinos. Su primer trabajo fue ser cochero del Rectorado de la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de La Plata en Lomas. “Lo mandaban todos los días de Santa Catalina a Capital así que tenía que salir a las 4 de la madrugada porque Pavón en ese momento era de barro”, cuenta Celina, su nieta.

En un principio, las unidades eran de madera, después de chapa.

Pero Teófilo se inclinó por su propio emprendimiento. Primero comenzó a comprar taxis con sus primos y luego fue a Carrocerías Wilde a plantear la idea de construir un “taxi más grande”, para llevar a más gente. “Empezaron la fabricación, que se la pudo pagar en cuotas. Él intervenía en la carpintería, elegía las maderas más fuertes para los estribos, los rayos de las ruedas, que eran tan altas que cuando agarraban un perro, volcaban”, agrega Celina.

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Durante un año estuvo transportando pasajeros hasta que se propuso darle un marco legal a su actividad. Se acercó a la Municipalidad de Lomas y convinieron un tipo de concesión para comenzar a trabajar de forma legal.

Los coches siempre salían de la estación de Lomas, lado Oeste. “Primero fue la Compañía Hispanoamericana, la línea 10. Los coches iban hasta Frías, no podían ir más allá porque había agua, iban y venían por Laprida”, agrega, y menciona: “Historias con pasajeros hay un montón porque mi papá ya sabía quién viajaba, quién se quedaba dormido, lo esperaba, lo despertaba, le tocaba bocina porque si no perdía el tren.”

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La familia Velayos tiene ahora varias líneas de colectivo.

La empresa sigue en manos de la familia y tiene distintas líneas comunales, como la 543, 544, 549, 561 y 562: “Una empresa de colectivos no es solamente los colectivos y los choferes, hay una industria detrás que no se ve. Tenemos gomería, tapiceros, elastiqueros, mecánicos, taller de chapa y pintura, lavadero, estación de servicio para alimentar a los colectivos. El fileteador fue reemplazado con el diseñador gráfico, cuando quisimos dar una nueva imagen”.

EL PASO A LA CHAPA. La fábrica de Carrocería Velox es emblemática en zona Sur y tuvo que ver con la llegada de la carrocería de chapa, en reemplazo de la de madera.
“Muchos micros salían durante la semana. Uno por día de los micros de línea y de larga distancia dos por semana. Los dueños de esos colectivos venían a buscarlos y tomaban mate con mi papá. El micro salía completo como lo quería la compañía: fileteados, pintados”, comentó Fernando, un vecino.

Muchas historias por contar.

LLEGARON LOS ACCESORIOS. En el 62, se instaló en Cerrito 1180 (donde todavía permanece) El Chiche del Accesorio que demuestra que decorar el colectivo fue un invento lomense, impulsado por la familia Doldán. ¿Quién no vio alguna vez un espejo cromado, unas cortinitas coquetas, un dado en la palanca de cambios o un nacarado en el volante?

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“En cuanto a accesorios de colectivo, en ese momento no había nada nacional, era todo importado y no gustaba o era caro. Se abrió un mercado entonces hubo que fabricarlo acá”, cuenta Guillermo Doldán, y remarca que todo se realizaba de forma artesanal y su propio padre se encargaba de buscar a los artesanos para realizar los trabajos: “Lo que había que soldar lo soldaban con autógena y lo que había que cortar lo hacían con cizalla, no había máquinas automáticas, que te hacen todo fácil”.

Guillermo recuerda que los choferes de las líneas 266, 160 y 278 eran clientes fijos y ellos mismos compraban de su bolsillo. “Los colectivos tenían muchos adornos porque el colectivero ganaba muy bien y le ponía mucha plata arriba del colectivo”, destaca.