Nuestro querido Eric Yuan nos hizo un enorme favor a todos al inventar el Zoom, una plataforma que estamos exprimiendo a lo pavote dentro y fuera del sistema educativo.

Este invento chino, un país donde no se cansan de inventar desde hace miles de años, tiene la particularidad de permitir silenciar o no el micrófono de los participantes.

Y el dilema de "mutear o no mutear" se transformó en una especie de grieta enorme que genera una división de aguas abismal y también, sus buenas contradicciones.

Desde cierto sector se defiende a rajatabla "mutear", casi como condición necesaria para las clases online.

Los que están de este lado también argumentan que "es un quilombo", cayendo en definiciones poco académicas, el permitir que los micrófonos estén abiertos.

Lo justifican con que se escucha todo lo que pasa en ese hogar, como ladridos de perros, el timbre, el teléfono, a los demás integrantes de la familia, la tele, la radio, el botón del baño, una licuadora y hasta a los vecinos. La lista también puede incluir alguna sonoridad escatológica.

Quizá exagerando un poco, algo de razón tienen y el sonido ambiente puede complicar una clase y también generar que cada alumno esté más pendiente de lo que pasa en lo de cada compañero que en el docente.

De este lado están estos, los que quieren silencio a ultranza, como si en el colegio no habría también un sonido de fondo.

Del otro lado se ubican los que no quieren saber nada con esto de "mutear" y también tienen lo suyo para decir.

"Quilombo hay en todos lados, ¿qué te pasa, sos guapo?", responden desde la otra vereda recogiendo el guante y hasta con algún nivel de prepotencia.

Los menos beligerantes optan por explicar que el silencio sepulcral da la apariencia de “hablarle a la pared” y no a un grupo de alumnos. También acotan que esto hace que se humanice en algo la distancia propia de las clases virtuales y que le da realismo a lo que ocurre en cada casa.

También emergen quienes optan por una mirada intermedia, tildados de “tibios”, “timoratos” y de otro tipo de improperios irreproducibles por los integrantes de los otros grupos.

Sin que les afecten estos agravios, los intermedios dicen que se puede "mutear" cuando el docente está explicando un tema y se pueden habilitar los micrófonos para armar un debate con la participación de todos.

También agregan que el chat "termina siendo un plomo" y que es preferible que todos hablen, a sabiendas de que no toda la clase suele participar.

Con el respecto al sonido ambiente refuerzan su condición de grises y con respecto al "quilombo" aseguran "que está mal, pero no tan mal", parafraseando a Guido Kazcka.

"¿Mutear o no mutear?", esa es la cuestión.