El índice de precios acumula una suba del 37,7% desde enero y un incremento del 53,5% en los últimos 12 meses. Argentina se encamina a tener la inflación más alta del mundo.
El impacto de la devaluación se hizo sentir en todos los sectores de la economía.

La inflación de septiembre fue la más alta del año. Por el brusco salto que tuvo el tipo de cambio tras las elecciones primarias, el índice de precios al consumidor (IPC) se incrementó un 5,9% y el costo de vida acumuló en los últimos 12 meses un alza del 53,5%.

Los datos difundidos este miércoles por la tarde por Indec confirman las proyecciones que publicó el Fondo Monetario Internacional (FMI): Argentina se encamina a ser el tercer país con más inflación en el mundo después de Venezuela y Zimbabue.

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El registro mensual es el mayor desde hace un año exactamente, cuando la inflación en septiembre de 2018 llegó al 6,5%, producto de la devaluación. Así y todo esa no fue la inflación más alta durante el macrismo: sino que el récord se registró en abril de 2016 cuando la cifra llegó al 7%, en este caso medida por consultoras privadas.

Los productos que tuvieron variaciones por arriba del promedio se encuentran prendas de vestir y calzado (+9,5%); salud (+8,3%); bienes y servicios (+8,2%); recreación y cultura (+7,6%); equipamiento y mantenimiento del hogar (7,4%), y comunicación (6,7%).

El rubro alimentos y bebidas -el que mayor incidencia tiene en los sectores de menores recursos- creció 5,7%, el transporte, por su parte, lo hizo un 4,7%.

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Nadin Argañaraz y Bruno Panighel, economistas del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf), señalaron: “Que el año cierre con una inflación mayor al 50% lo convertirá en el dato anual más alto de los últimos 28 años. Y los precios relativos anticipan que podría haber mayores problemas de cara a 2020”.

El congelamiento de tarifas de los servicios públicos y del transporte podría convertirse en un problema a futuro y complicar la meta fiscal del próximo Gobierno si no se actualizan. Por eso, según los especialistas, una actualización de esos valores, más otro salto del dólar, podrían transformarse en una bomba de tiempo a futuro.