Se alistó como voluntario, combatió con el Grupo de Artillería 4 y murió el 14 de junio de 1982.
Néstor Pizzaro junto a sus compañeros del servicio militar.

Néstor Osvaldo Pizarro vivía con sus principios bien claros: era músico, poeta, trabajador y sobresalía entre los demás por ser un idealista. “El soldado llegó después”. Así lo había recordado su padre, Ramón, en Lanús, en 2011, cuando fue inaugurado un monolito en su memoria en la plaza ubicada entre las calles Damonte y Mitre.

Esta semana, después de que sus restos permanecieran desaparecidos durante 37 años, la Secretaría de Derechos Humanos confirmó su hallazgo en el Cementerio de Dawin, de las Islas Malvinas, por lo que ya son 113 los soldados argentinos identificados. La noticia fue recibida por su hermana Elda, en las instalaciones de la ex Esma.

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A Néstor en el servicio militar lo conocían como “El Príncipe”. Era oriundo de la ciudad de Oliva, Córdoba, pero se encontraba trabajando en el partido de Lanús cuando se alistó como voluntario para ir a Malvinas.

El 12 de junio de 1982, el joven de apenas 20 años cayó mientras cumplía una polémica orden, ya que debió salir a buscar municiones mientras la zona estaba bajo bombardeo. El Grupo de Artillería 4 intentaba impedir que los ingleses abrieran una brecha entre Moody Brook y Puerto Argentino.

En un momento, cayó una bomba que levantó el suelo unos 20 ó 30 metros y una esquirla hirió de extrema gravedad el abdomen de Pizarro. Intentaron reanimarlo, lo trasladaron a Puerto Argentino, pero no pudo sobrevivir. La lesión era de muerte.

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Sus compañeros colocaron su cuerpo en una bolsa para cadáveres junto con sus elementos personales (cartas, atados de cigarrillos, dos rosarios, uno que colgaba sobre su cuello) y su credencial de identificación. Así y todo fue enterrado como “NN”.

Recién hace algunos días el Equipo Argentino de Antropología Forense lo identificó y permitió darle la noticia a su familia. “Todos tenemos derecho a saber dónde están enterrados nuestros familiares”, dijo Elda, su hermana, en su momento. Ella misma fue la que aportó la muestra de ADN para el análisis, para reencontrarse con él.