El juez Diego Hernán Papa, titular del Juzgado Comercial Nº 12, anticipó que fijará una nueva fecha para otra subasta.
La mole de concreto es conocida como «el Elefante Blanco» de Avellaneda.
El remate del complejo de torres «Estrella del Sur», conocido como el «Elefante blanco» de Avellaneda, fracasó por la ausencia de interesados. El juez Diego Hernán Papa, titular del Juzgado Comercial Nº 12, anticipó que fijará una nueva fecha para otra subasta.

Las obras del megaemprendimiento ubicado en Hipólito Yrigoyen al 600 se encuentran paralizadas desde hace más de seis años y con ello el sueño de la casa propia de casi mil familias. Ahora, la incertidumbre se extenderá hasta que se conozcan cuáles serán las intenciones de los nuevos dueños, si es que finalmente hay una oferta que prospera.

Un grupo de propietarios adherentes se congregó en la puerta de la Oficina de Subastas judiciales para presenciar el remate pero no pudo ingresar porque el juez dispuso que se tenían que anotar 12 horas antes de su inicio. Esto despertó el enojo de los vecinos.

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«La esperanza era que se pudiera parar este remate. Como damnificada solicité que se nos devuelva la totalidad del dinero que hemos pagado año a año», comentó Alicia, una de las propietarias adherentes, quien agregó que la venta de las torres ubicadas en avenida Hipólito Yrigoyen al 800 «fue una trampa pactada».

Carolina, propietaria que pagó 118 cuotas de 120, aseguró que «es negativo que haya fracasado la subasta, pero era algo que habíamos pensado entre los damnificados, suponíamos que esto iba a pasar».

«Esto continúa, aparentemente va a haber otra citación y después de eso ya no sé lo que queda porque no sé quién va a poner 20 millones de dólares de base para continuar algo que no se sabe en qué estado está», agregó.

El edificio comenzó como un emprendimiento que involucraba a Bapro Mandatos y Negocios, Círculo Inmobiliario Emprendimientos y Bainter, que tenían la tarea de organizar el fideicomiso, construir y vender las unidades, junto con adherentes que abonaron una suma mensual por la posesión.

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Se esperaba la construcción al costo de un edificio de 104.000 metros cuadrados, que incluiría cuatro torres de 27 pisos cada una, parque de juegos infantiles, dos piletas -una al aire libre y la otra interior climatizada-, gimnasio comunitario, sauna, guardería y jardín de infantes.

Las obras se iniciaron en enero de 2010 pero dos años y medio después comenzó a notarse el desfasaje entre el ritmo de actualización de las cuotas y la inflación, que no permitiría cumplir con los plazos e incrementaría el monto de los pagos mensuales, por lo que 287 beneficiarios abandonaron el proyecto.

Los propietarios cumplimos los planes de cuotas en tiempo y forma. El problema fue que en 2012 se detiene la obra y ante la incertidumbre no se pagó nada», explicó Carolina y aseveró que «nos mintieron, nos dijeron que en 3 años teníamos la casa y no la tenemos».

«Yo puse 900 mil pesos hasta 2013, pero si ahora me lo devuelven no vale lo mismo. Hoy en día quiero recuperar la plata porque no sé que va a pasar y voy a seguir con las acciones por daños y perjuicios contra los culpables de esta gran estafa», agregó.

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Los adherentes aseguran que tras el remate recibirán en pesos un 60% de lo que invirtieron, ya que las cifras ya están estipuladas por una sindicatura ordenada por el Juzgado Nacional en lo Comercial 12, que decretó en 2017 la liquidación del fideicomiso.

Marta, otra de las propietarias adherentes que se acercó a la oficina de subastas, aseguró que tras la paralización de la obra «en una asamblea decidimos dejar de pagar 3 meses, incluso Bapro estuvo de acuerdo, para ver si se podía tener un plan nuevo y terminar una torre para venderla o habitarla».

«No obstante, en esos 3 meses Bapro dijo que como no pagábamos no tenía ningún ingreso y ahí directamente lo mandó a remate, y el juez en 48 horas le hizo caso», criticó.