El exmediocampista, autor del gol ante Quilmes, recordó ese momento y remarcó que es "emocionante" saber lo que generó ese logro en todos los hinchas. "Una persona me dijo que se había hecho un tatuaje con la jugada del gol", comentó.
Jugó 24 partidos en ese torneo e hizo tres goles, uno de ellos el del ascenso.

El nombre de Fabio Pieters evoca felicidad, un momento imborrable, en miles de hinchas de Los Andes. Apenas con una corrida y una definición sutil, esquinada, que trasladó el balón hacia la red, llevó al éxtasis a generaciones de fanáticos que todavía hoy, a 20 años del último ascenso a Primera División, siguen disfrutando de lo que fue su gol en la final del Reducido contra Quilmes, con el que el Milrayitas tocaba el cielo con las manos y volvía a la máxima categorías después de 29 años.

Ese grito, a los 37 minutos del segundo tiempo, le permitió al elenco lomense igualar 1-1 el partido revancha de aquella final ante el Cervecero y sellar, con un global de 3-1, un ascenso inolvidable, que aún hoy sigue presente en todos los hinchas. Y de ahí en más, la inmortalidad.

“Uno no se da cuenta de lo que genera en ese momento, pero con el paso de los años te lo hacen saber y la verdad es muy emocionante”, dice hoy, con 42 años, aquel joven que llegaba de Lanús con ganas de triunfar y hambre de gloria, a dos décadas que se ganara para siempre un lugar en el corazón de todos los milrayitas de ley, en una charla con Diario La Unión.

Pieters, con su gol ante Quilmes, le doy el ascenso al Milrayitas.

Esa definición esquinada, con pie abierto y mucha precisión, que parecía inatajable para Gustavo Lema, provocó de todo en los hinchas: llantos, abrazos interminables entre varias generaciones y hasta un tatuaje de su jugada. “El gol simboliza un momento, el de la coronación del ascenso, y por eso siempre digo que me tocó ponerle la frutilla al postre a lo que fue un gran torneo del equipo, a un logro que fue producto del trabajo colectivo, y por el que luchamos todo el año”, remarca.

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A partir de eso, y al igual que todos sus compañeros, su nombre se ganó un lugar importante en uno de los capítulos más gloriosos de la historia del Milrayitas. Y él no puede ocultar su emoción. “Cada vez que llega esta fecha, no paran de llegarme  mensajes y eso me reconforta muchísimo. Y poder disfrutarlo con mi familia, también. Mis hijos eran muy chicos en ese momento y poder vivirlo ahora con ellos, me pone muy bien. Ojalá que un día pueda devolver tanta gratitud al hincha”, dice, muy agradecido.

Pieters se volvió a poner la camiseta.

 -¿Sigue viendo el gol de la final ante Quilmes?

Todos los días lo veo, y más cuando llega esta fecha. Siempre lo recuerdo, también me llegan con videos con la jugada, y ahora lo veo con mis hijos. Y la verdad es que se me sigue poniendo la piel de gallina. En ese momento no me di cuenta de lo que habíamos logrado, pero después te lo hacen saber con el paso de los años y es muy emocionante.

-¿Qué era lo más importante que tenían?

-Éramos un equipo, simplemente eso. A lo largo del torneo hubo muchos cambios, eso se ve con las formaciones, y todos los que jugamos fuimos valiosos. Y eso, para mí, fue fundamental, todos tirábamos para el mismo lado. El que salía no ponía mala cara, siempre nos apoyamos y creo que eso fue importante. Jorge (Ginarte) llevó muy bien al plantel y esa fue una de las principales armas que tuvimos.

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Y en silencio se fueron prendiendo en una pelea en la que no estaban en los planes…

Sí, es verdad. No había jugadores de renombre, había muchos jóvenes como yo que dábamos nuestros primeros pasos en primera, y otros con experiencia en el club, y por eso el objetivo no estaba puesto en el ascenso. Los resultados nos llevaron a pensar que era posible y cuando nos vimos arriba, el hecho de no aflojar y superar partidos muy duros, sumado a las ambiciones de cada uno, nos fuimos convenciendo de que el equipo estaba capacitado para pelear arriba.

-¿Se puede decir que el débil se impuso a los poderosos?

Y sí. Nosotros no aparecíamos como uno de los candidatos a pelear con Huracán, Quilmes y Banfield por el ascenso, nuestro objetivo era salvarnos del descenso, pero nos metimos en esa conversación, le mojamos la cara a los tres y demostramos que estábamos a su nivel.  Y eso hace que también disfrutemos un poco más todo lo que se logró.

-¿Qué le dirás al hincha que, por edad, no pudo ver ese equipo?

Le diría que el fútbol es compañerismo, es un trabajo grupal en el que todos tiran para el mismo lado, y eso es lo que tenía ese plantel. Y cuando todos tiran para el mismo lado, sin malas personas y todos se ayudan, siempre con ganas de entrenar  y dar lo mejor, pasa lo que pasó con ese Los Andes.