Dedicado al amor, la familia, el trabajo y algunos para su querido Lomas, donde vive hace más de 50 años, busca que sus versos sean conocidos.
tiene 71 años y era colectivero de la línea 266.

Miguel Ortíz es un tucumano que vive en Lomas hace 52 años y se dedica a escribir poesías por hobbie, muchas de ellas dedicadas a su familia, a su trabajo y al lugar que lo albergó hace más de medio siglo, a tal punto que publicó un libro, con el objetivo de traspasarles a los vecinos sus vivencias y que sus escritos sean populares.

“Miguel de Monteros”, como se hace llamar artísticamente por su lugar de nacimiento, publicó el año pasado el libro Preludio (con una tirada de 400 ejemplares), que cuenta con 60 poesías. El detalle es que cada escrito cuenta al costado con una línea punteada en forma vertical, invitando al lector a cortar la hoja de la poesía que más le guste para hacer un obsequio o un presente.

El hombre, de 71 años, era colectivero de la línea 266 y trabajó para la empresa durante 23 años, hasta que se jubiló, momento en el cual retomó con más fuerza la escritura. Actualmente cuenta con más de 200 escritos de su autoría.

“En mi adolescencia, escribía poemas de amor para alguna chica que me gustaba. Hoy en día me dedico más a los alrededores, a la familia y a la política. Soy un afortunado por la época en la que me tocó vivir, ya que me nutrí de muchas experiencias”, explicó Ortíz sobre sus gustos a la hora en el papel.

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“La inmortal Lomas de Zamora”, que habla sobre sus rincones y el pueblo, y “Amigovios”, que cuenta la historia de dos jóvenes que se enamoran en pleno verano mientras recorren las calles de la ciudad, son dos de los escritos que le dedicó a la localidad que lo vio formarse. “A la mañana, tomo mate y escucho música. Es la mejor hora para inspirarse y escribir”, afirmó el hombre, para luego agregar que las poesías de amor son las que más fácil le salen.

Una de las poesías más extensas que realizó fue dedicada a sus hijos, con 11 estrofas. A su vez, no se olvidó de su pasión por los colectivos y también redactó sobre sus andanzas arriba del ómnibus en tres escritos.

A la hora de nombrar escritores de su agrado, el hombre que pertenece a la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) destacó al argentino José Ingenieros por el amplio abanico de profesiones en las que se destacó, siendo también médico, psicólogo y filósofo.

Para finalizar, el vecino explicó que el objetivo de sus versos y el contenido del libro es que a la gente le quede algo de sus experiencias, que sus versos sean conocidos y que los lomenses puedan valorar la vida. “Voy a escribir hasta que pueda, la poesía muere conmigo”, concluyó.

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LA HISTORIA DEL ÁRBOL COMO PUNTAPIÉ INICIAL. La pasión por la escritura y por las poesías comenzó casi de casualidad, como si el destino hubiese querido despertar ese talento oculto en Miguel. Cuando tenía 15 años y se encontraba por rendir Lengua y Literatura de primer año de la Secundaria, el examen escrito le demandaba narrar la historia de un árbol, pero contado en primera persona, es decir, como si la planta tuviera vida y sentimientos.

“Haga trabajar sus sentidos, Ortíz.”, le dijo su profesora, al ver que todavía no había escrito ni una sola palabra porque no se le ocurría nada. Allí fue cuando Miguel comenzó a armar la historia: el árbol era feliz por estar instalado en el suelo hasta que un leñador lo corta para llevarlo a un aserradero. Sus deseos de volver a la tierra se hicieron realidad al ser reutilizado en forma de ataúd.

“Hice hablar al árbol de una manera tan natural que me asombré”, admitió el hombre de 71 años, quien recordó con fuerza la admiración de la docente por el resultado.