El timbre suena para todos. Tanto para los miles de niños y adolescentes que pueblan las aulas como para todos aquellos docentes que están al frente de sus respectivos cursos. El timbre es así de democrático.

Ya sea la vieja y querida campana o el timbre que le fue sacando lugar, la función es la misma. Esos elementos sonoros sirven para marcar el cierre de la clase o, en el mejor de los casos, de la jornada escolar, ni hablar si es el timbre que indica el inicio del fin de semana.

Pero volvamos a un timbre ordinario, un timbre común y corriente. Ese Riiiiiiiiiing, un sonido que ha acompañado a generaciones de escolares en Argentina, sobre todo de Primaria pero también en Secundaria.

Es evidente para aquellos que se la pasan mirando el reloj, contando los minutos para escuchar ese sonido, que lo esperan con desesperación.

Hasta la posición corporal, parando la oreja, como si el timbre fuese un sutil susurro que no se puede escuchar sin estar prestando atención.

Hasta alguno avisa que sonó el timbre cuando el docente se excede un poco más en su explicación, como para que vaya redondeando con su elocución.

La estridencia del timbre indica que empieza el ansiado recreo, con la estampida hacia el patio del alumnado y también de los docentes a la sala de profesores, donde las charlas y las anécdotas se ponen a la orden del día.

Pero el timbre tiene sus bemoles y también trae malas noticias. Como marcan el final de la clase, también indica que el recreo llegó a fu fin. También es el que marca que hay que entrar al colegio y el que indica a los remolones que están llegando que apuren el paso para no llegar tarde.

Pero ahora resulta que el pobre timbre tiene sus detractores, incluso sus enemigos.

Hay colegios que reducen o eliminan el uso del timbre por considerarlo demasiado estridente y a menudo directamente innecesario.

Incluso, dicen algunos por ahí, que los colegios que introdujeron música para entrar y salir de clase: aseguran que esto les permite también reforzar los momentos de bienvenida y despedida.

¿En qué momento se incorporó el timbre a los colegios? Varios historiadores de la educación desconocen cuándo y cómo se adoptó esta herramienta como parte del universo escolar.

Nadie sabe cuando llegó el timbre y qué colegio fue el pionero, pero ahora parece que algunos lo quieren sacar, cuando el pobre timbre no le hace mal a nadie.