Mientras el salario promedio aumentó un 38,5% en el último año, la inflación trepó al 54,7%.
La caída del poder adquisitivo se siente en el bolsillo.

Por la escalada del dólar y el recalentamiento de la inflación, el poder adquisitivo cayó un 16,2% en promedio entre marzo de este año y el mismo mes de 2018, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec).

Calculado sobre la base de las estadísticas oficiales, el sueldo bruto registrado, con aportes jubilatorios, fue del $38.884, frente a los $28.072 de un año atrás, lo cual arroja un incremento del 38,5%, lejos del aumento del 54,7% que registraron los precios en las góndolas.

Si los salarios hubieran seguido la evolución de la inflación, el haber promedio debería ser de $45.630, es decir $6.746 mayor. No obstante, la mayoría de las remuneraciones de los trabajadores registrados en el país se encuentran lejísimos de ese horizonte.

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La mitad de los trabajadores “en blanco” (poco más de 3 millones) cobran menos de $30.500 de sueldo bruto, lo que reduce el sueldo de bolsillo a menos de $25.300. Los datos corresponden a la Remuneración Imponible de Trabajadores Estables (Ripte) que registra el Ministerio de Producción y Trabajo de la Nación.

En ese escenario, si se tiene en cuenta que los salarios de los empleados “en negro” (casi 4.800.000 según datos del Indec) son mucho mucho más bajos que los de los trabajadores registrados, el panorama es aún más preocupante.

A este retroceso del poder adquisitivo, hay que sumarle la caída del empleo asalariado, que suma un ingrediente más al combo recesivo de la economía. Según la Secretaría de Trabajo, en febrero (últimos datos disponibles) los empleados en el sector privado sumaban 6.148.700, cuando en diciembre de 2015 eran 6.240.133, una caída de 91.433 puestos laborales en medio de la crisis.