Los líderes de la central obrera no descartaron llamar a una nueva huelga antes de las elecciones si no hay un cambio de rumbo o un giro en la postura de la Casa Rosada.
La postal en las calles de la Ciudad de Buenos Aires fue muy distinta a la habitual.

Sin transporte público, el quinto paro general de la CGT contra el Gobierno se hizo sentir con fuerza en todo el país, con mucho menos movimiento al habitual en las calles, mayoría de negocios con sus persianas bajas y bancos, escuelas y dependencias estatales cerradas.

El mensaje de los gremios, que a diferencia de lo que ocurrió en otras medidas de fuerza mostraron unidad, fue contundente: si no hay un cambio de rumbo o un giro en la postura de la Casa Rosada no está descartado que haya una nueva huelga antes de las elecciones.

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Héctor Daer, uno de los secretarios generales de la central obrera, fue el encargado de reforzar ese llamado de atención: “El movimiento obrero reitera a las autoridades nacionales que tomen acciones inmediatas para frenar esta decadencia social, política y económica”.

La respuesta del Poder Ejecutivo no se hizo esperar. Distribuyó un informe en el que consignó que por le cese de actividades el país perdió $40 mil millones y adelantó que estudian la posibilidad de avanzar en sanciones a los gremios.

A pesar de eso, la CGT redobló la apuesta y a través de principales dirigentes pidió a los funcionarios del oficialismo “no hacer macanas”. La advertencia sonó a ultimatum.

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Si la relación con el Gobierno se tensa en los próximos meses y se corta todo tipo de diálogo, los sindicatos están dispuestos a jugar fuerte en medio de la campaña.