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Este vecino lomense es un apasionado del instrumento y con sólo 33 años es uno de los pocos profesionales (apenas hay 20) que se dedican a este rubro en el país.
“Comencé a investigar las teorías acústicas, incluso le escribí a un afinador de Alemania para pedirle consejos", dice.

Una pasión y una dedicación profesional inusual atraviesan la vida de Gabriel Quiña, un joven de 33 años que admira los pianos y se ocupa de afinarlos y repararlos, siendo uno de los pocos profesionales que realiza la labor en el país, lo que le abrió las puertas de trabajar para Yamaha en Argentina. Con su propio taller montado, lleva a cabo el trabajo de rectificar las piezas y alargarle la vida útil al instrumento.

El lomense, licenciado en Artes Musicales con orientación en Pianos y egresado de la Universidad Nacional de las Artes (UNA), se recibió también como Técnico Afinador de Pianos. Para llegar al objetivo, muchas veces tuvo que rebuscárselas por sus propios medios para conseguir los materiales y así perfeccionarse en la actividad que tanto le atrae.

Gabriel entró como aprendiz en un taller para saber las cuestiones técnicas y mecánicas del piano, pero no le enseñaron a afinar porque no sabían hacerlo.

desde 2014 brinda en varias provincias charlas gratuitas denominadas “El piano por dentro”

“En el lugar contaban con las herramientas así que me dieron libertad para practicar. Ahí comencé a investigar las teorías acústicas, incluso le escribí a un afinador de Alemania para pedirle consejos”, detalló, para luego agregar que los apuntes conseguidos se encontraban en diversos idiomas,  los tuvo que traducir.

Desde hace nueve años, el joven se dedica a la afinación y reparación, pero pasó por muchos momentos de resignación al no contar con materiales o lugares de estudios: “Tardé un año en poder pasar del estudio a la práctica. Antes me demandaba 5 horas en afinar un piano, hoy en día lo realizo en una hora y media”.

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Zacarías del Giudice se dedica a la parte técnica en el taller y contó cómo llegó a trabajar con su primo Gabriel: “Como tengo pasión por los instrumentos me ofreció hacer un proyecto juntos. Empezamos en 2015 en la casa de mis tíos, en una habitación muy chica, y ahora alquilamos nuestro propio espacio. Desde la primera vez que vi a fondo un piano, me enamoré totalmente”.

En 2013 asistió a una capacitación de tres días en la UNA para todos los técnicos de Argentina, dictada por un afinador de Yamaha, la cual le cambiaría la vida laboral: allí le hicieron afinar un piano y, tras constatar su rendimiento, lo contrataron oficialmente para que trabaje para la marca, puesto en el que todavía se desempeña.

Trabaja junto a Zacarías del Giudice, que se dedica a la parte técnica en el taller.

A su vez, desde 2014 brinda en varias provincias charlas gratuitas denominadas “El piano por dentro”, que trata sobre el instrumento y cómo solucionar problemas cotidianos. De esa manera, se asegura que el cliente se vuelva más exigente con la labor que él brinda. Actualmente la transformó en un curso intensivo de ocho clases para las universidades.

“Me creo un afinador reconocido en el país, ya que profesionales deben haber solamente unos 20 colegas. Afortunadamente cuento con el respaldo de trabajar para Yamaha, lo que me vinculó con artistas conocidos y me dio un mayor volumen de empleo”, contó Quiña, quien aseguró que el piano sigue teniendo esa “magia” para transportarse a cualquier lugar, sin que importen los alrededores.

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Para finalizar, dio su punto de vista respecto a las generaciones pasadas de afinadores y dijo que, muchas veces por egos o los denominados “secretos profesionales”, no se comparten los conocimientos.

“Zacarías ya está aprendiendo la parte de afinación, hay un chico que viene de San Antonio de Areco para interiorizarse en el tema, no tengo problemas en enseñarles porque quiero que se elimine la barrera de esconder lo que uno sabe”, remarcó el joven lomense, sobre el conocimiento que adquirió a lo largo de este tiempo.

AMOR A PRIMERA VISTA. Con 14 años, Gabriel ingresó al Conservatorio Julián Aguirre de Banfield para estudiar guitarra, pero allí conoció los pianos y se dio cuenta de que era su instrumento. Pasado un año, tuvo uno propio y, al ver al afinador, comenzó a intrigarse por su labor y la composición por dentro del mismo.

“Lo que más me llamó la atención de la parte musical fue el sonido, es atractivo y muy completo. En lo técnico me apasionaba el misterio de lo que sucedía adentro mientras yo presionaba una tecla”, concluyó.

UN IMPULSO PARA CRECER. El lomense recibió un microcrédito por parte del Municipio, lo que le facilitó la compra de herramientas y materiales para expandir su taller a más áreas de afinación y restauración de los pianos. “Estamos súper agradecidos por la ayuda económica”, dijo.