¿El acto escolar del 25 de Mayo es más sencillo que resolver que el del 9 de Julio?, sin dudas, claro que es más fácil de llevar adelante.

Como corresponde, hay que fundamentar esta afirmación. Se puede empezar diciendo que docentes encargados de armar el acto de la gesta de Mayo cuentan a su favor con un tendal de clichés y de lugares comunes que tienen un margen mínimo de error.

En el acto del 25 no puede faltar una escenografía con el Cabildo, unas damas antiguas, mazamorreras, vendedores de velas y un par de próceres para completar la representación de alguna escena. Con esto y con un poco de amor, ya se puede hacer un acto más que digno.

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El discurso por lo general se mueve en los mismos términos todos los años y con algunas líneas de revisionismo histórico se le saca el olor a naftalina.

Ahora bien, el 9 de Julio otorga como recurso a mano la Casa de Tucumán (o la Casa Histórica, como la llaman los tucumanos) como escenografía o telón de fondo.

Con las glosas, la entrada y despedida de las banderas de ceremonia y un discurso que remarque las diferencias con el 25 de Mayo, recalcando que el 9 de Julio la Patria proclamó la Independencia de España y también citando a varios de los diputados enviados de cada provincia.

 

“El 9 de julio de 1816 imprimió una huella en el corazón de todos los argentinos, marcó el inicio de un camino que hoy estamos transitando...”, puede ser el encabezado del discurso como captar la atención e entrada.

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Ojo que no vale eso de andar buscando una hojita amarillenta por los años y por la humedad en la que está impreso un discurso alegórico a esta fecha y fue leída en un sinnúmero de oportunidades en el mismo colegio y también en otros a los que llegó por arte de magia.

Tampoco vale tipear en el Google “discursos del 9 de Julio” y bajar alguno más copado y que tenga un estilo más Felipe Pigna, que al menos tiene algo más de onda, comparado con el anticuado texto de la citada hoja amarilla.

Un breve número con los congresales discutiendo la orden del día y también la representación de alguna danza folklórica argentina, con los respectivos vestuarios característicos.

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Tampoco es cuestión de andar saliendo del paso con la confección en cartulina y papel afiche del frente de la Casa de Tucumán y andar presentando de uno a chicos con aritos y piercings que simulan ser Mariano Boedo, José Eusebio Colombres, Francisco Narciso de Laprida, José Ignacio de Gorriti, y otros hombres de esa gesta histórica que prestaron sus nombres para bautizar las calles de Lomas de Zamora.

Al final, no fue tan complicado armar un acto a la altura de las circunstancias y de esta celebración patria, porque con un poco de imaginación, todo se puede, ¿no?