Una vez más, el Millonario exhibió credenciales de candidato y ganó con autoridad. Con goles de penal de Nacho Fernández y Rafael Santos Borré, se impuso en el Monumental y viajará más tranquilo a Paraguay.
River volvió a mostrar un nivel superlativo y ganó con autoridad.
River volvió a mostrar un nivel superlativo y ganó con autoridad.

Este River que conduce Marcelo Gallardo tiene sellos distintivos que lo convierten en un equipo temible. Ante Cerro Porteño, que resultó muy poca cosa, dio el primer paso firme para replicar el cruce copero del año pasado con Boca.

Con goles de Fernández y Santos Borré, ambos de penal, se impuso por 2 a 0 y viajará más tranquilo a Paraguay.

El partido arrancó con polémica. A los dos minutos, una pierna en alto de Larrivey en el área derivó, a través de la asistencia del VAR, en un penal que Nacho Fernández (de gran actuación) cambió por gol.

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De allí en adelante se vio el típico River de Gallardo: presión asfixiante en todos los sectores del campo para favorecer los errores del rival y recuperar la pelota, jugadas directas y de muy poco traslado,  la intención de mover la pelota a uno o dos toques y un empuje constante de cada línea. La sensación de ahogo para Cerro fue visible, sobretodo, en la línea de volantes.

Sin generar un vendaval de ocasiones de peligro, llegó en varias oportunidades hasta el arco de Carrizo pero no estuvo fino para la definición. Cuatro amonestados en el elenco paraguayo dejaron en evidencia el manejo del partido que hizo el Millonario.

En el complemento, el arranque lo tuvo otra vez como protagonista a Fernández. Sin embargo, esta vez el VAR le jugó en contra: una mano de Suárez previa al centro que terminaría en su gol, le anuló el grito.

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A los 18, Casco peleó la pelota cerca del área, habilitó a Borré y Carrizo lo cruzó. Esta vez no hubo dudas para el juez que cobró penal. Lo distinto fue el ejecutor: el colombiano tomó la pelota y con un remate cruzado puso el 2-0.

Cerro quedó golpeado y aguantó la diferencia como pudo hasta el final. River tuvo aproximaciones pero al igual que toda la noche le costó definirlas. Carrizo no tuvo atajadas descomunales y, en parte, fue por las imprecisiones del Millonario en ese sector. Cuestión de trabajo para un equipo que le genera seguridad en sus hinchas y respeto en los demás.