El estallido en Chile, el golpe de Estado en Bolivia, la agonía en Venezuela y la excarcelación de Lula en Brasil resonaron en la región y el mundo.

Este año en América latina puede ser catalogado como vertiginoso. Acciones políticas en varios países de la región surtieron su efecto en la población, que decidió salir a manifestarse (algunos pacíficamente, otros no tanto) y hacer escuchar sus voces en las calles.

Opositores pedían la renuncia.
Opositores pedían la renuncia.

A raíz de la suba de la tarifa en el transporte público en Chile, que comenzó a regir el 6 de octubre, un grupo de estudiantes encabezó una protesta en el Metro de Santiago. La movilización fue en aumento con el paso de los días, con incidentes en las estaciones del subte que luego se trasladaron al centro de la ciudad, bajo el nombre “Chile despierta”.

El presidente Sebastián Piñera decretó estado de emergencia y toque de queda a partir del 19 de octubre. Los reclamos crecieron: se sumaron quejas por el aumento en el costo de vida, las bajas pensiones, y el rechazo a la política económica. ¿El saldo? Al menos 22 muertos, miles de heridos y denuncias de abuso y violaciones en manos de carabineros.

Recién el 9 de diciembre, el presidente de Chile anunció un paquete de medidas para intentar calmar la situación.

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Bolivia no quedó excluida del caos político. El domingo 20 de octubre se desarrollaron las elecciones presidenciales y Evo Morales pudo presentarse como candidato y aspirar a su cuarto mandato consecutivo gracias a un recurso extraordinario presentado en el Tribunal Supremo Electoral (TSE), decisión que fue rechazada por la oposición, que pedía la inhabilitación de Evo.

La violencia ocupó las calles.
La violencia ocupó las calles.

Debido a la tardanza de los números del escrutinio, al día siguiente, la oposición denunció un posible fraude electoral. Los resultados dieron como ganador a Evo Morales en primera vuelta, pero grupos opositores convocaron a una huelga general con el pedido de renuncia de Morales.

La Organización de Estados Americanos (OEA) tomó cartas en el asunto y recomendó que se efectúe una segunda vuelta, pero Evo aseguró que el organismo internacional estaba a favor del “golpe de Estado”.

La violencia ocupó las calles. Evo convocó a nuevas elecciones, pero la oposición insistió en la renuncia y las Fuerzas Armadas le aconsejaron que renuncie. Finalmente, luego de denunciar saqueos a casas de funcionarios y de sus propios familiares, se exilió en México. La segunda vicepresidenta de la Cámara de Senadores, Jeanine Áñez, se autoproclamó presidenta, como parte del gobierno de transición para llamar a nuevas elecciones que se desarrollarán en 2020. Ahora, Evo Morales se encuentra en Argentina como refugiado político.

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Mientras tanto, en Brasil, la noticia fue la excarcelación del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien tras 580 días en prisión, dejó la cárcel en Curitiba, el pasado 8 de noviembre. Allí cumplió condena efectiva desde abril de 2018 por corrupción en la Operación Lava Jato. “Salí para seguir peleando por el pueblo brasileño”, fueron algunas de las primeras palabras de Lula tras su liberación, mientras que también apuntó contra el actual gobierno del país limítrofe y al Ministerio Público.

Venezuela también atravesó por momentos difíciles. El 30 de abril hubo un alzamiento con la intención de derrocar al gobierno venezolano de Nicolás Maduro, dirigido por Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, junto a efectivos militares y policiales.

Lo cierto es que mientras que millones de sus ciudadanos emigraron a otros países por la fuerte inflación y la falta de oportunidades, la tensión política se agudizó cada vez más, con Maduro aferrado al cargo y Guaidó promoviendo la recepción del apoyo de la comunidad internacional. Según Maduro, todo fue orquestado por “los esfuerzos obsesivos de la derecha venezolana, la oligarquía colombiana y el imperio estadounidense”.