Se trata de Pablo Berra, que tiene 54 años y hace 12 vive en Gerhardsville, Sudáfrica. La semana pasada le aplicaron la inyección y cuenta cómo vive todo este proceso. "Yo tengo mucha esperanza, creo que va a funcionar. Hay una luz al final del túnel", dice con expectativa.
Pablo Berra, después de aplicarse la vacuna desarrollada por científicos de la Universidad de Oxford.

Pablo Berra tiene 54 años. Nació en Lomas de Zamora, pero desde hace 12 vive en Gerhardsville, una zona rural ubicada a una hora de la ciudad de Johannesburgo, en Sudáfrica. La semana pasada se transformó en el primer argentino en participar en las pruebas que está llevando a cabo la Universidad de Oxford para desarrollar una vacuna contra el Coronavirus. Se trata uno de los ensayos más avanzados en todo el mundo.

Al otro lado del teléfono, desde su casa, a más de 8.100 kilómetros de Buenos Aires, Berra cuenta que se siente "bien" a 10 días de haberse aplicado la inyección en los laboratorios de la Universidad de Witts. "Solo la segunda noche tuve escalofríos y la pasé medio mal, con dolores musculares fuertes, dolor de cabeza, pero la vengo llevando bien", comenta con un tono ameno y tranquilo, como si estuviese seguro de que la cura va a llegar.

El lunes pasado se hizo el primero de los controles que se va a tener que realizar durante los próximos 12 meses. Sin embargo, aún no sabe si le inocularon la vacuna o un placebo. "A la mitad de los 2.020 voluntarios del estudio les dieron una dosis y al resto una solución", explica. ¿Qué es lo que recibió? Se va a enterar recién cuando el ensayo médico empiece a dar resultados y sea aprobado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

"Solo la segunda noche tuve escalofríos y la pasé medio mal, con dolores musculares fuertes, dolor de cabeza, pero la vengo llevando bien."

Berra relata que se anotó para ser voluntario "preocupado" por cómo está avanzando el virus en Sudáfrica. "Hay días con cerca de mil casos por hora. El país ya está quinto en cantidad de casos en todo el mundo y en agosto el Gobierno dice que va a ser peor", precisa. Para colmo, su esposa, Savita, tiene problemas en el páncreas y permanentemente tiene que visitar hospitales, por lo que es una persona que corre un mayor riesgo.

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"Entonces, en medio de la campaña que lanzaron los científicos de la Universidad de Wittz para buscar voluntarios, yo me puse a googlear sobre la vacuna. Encontré un mail de una de las doctoras y le escribí. A los 20 minutos me llamaron y al día siguiente me estaba haciendo todos los estudios, de sangre, orina. Cuando comprobaron que podía participar, en cuestión de semanas me dieron la vacuna", recuerda.

La vacuna ChAdOx1 nCoV-19 desarrollada en la Universidad de Oxford.

Para ser admitido en las pruebas de la Universidad de Oxford, Berra tuvo que demostrar que se encontraba completamente sano. "Los participantes no deben haber tenido Covid-19, ni ser hipertensos o diabéticos o haber sufrido hepatitis u obesidad", aseguró. Si bien, en simultáneo se está haciendo una prueba con personas HIV, ése es un estudio aparte.

Desde que se aplicó la inyección, todos los días tiene que llegar una planilla marcando ítem por ítem lo que siente y, ante cualquier eventualidad, está en contacto a través de WhatsApp con un equipo de médicos. "Nos hacen anotar todo. Si donde nos pusieron una vacuna se nos forma una aureola, si tenemos sufrimos alguna reacción, pero por suerte por ahora todo va sobre ruedas. Cruzo los dedos para que todo salga bien", remarcó.

"Desde marzo, la escuela está cerrada, más allá de que la cuarentena acá duró solo cinco semanas. Por la situación económica, el Gobierno decidió flexibilizar la situación, y eso produjo que el virus se desparramara porque la gente no tomó conciencia de la enfermedad", se lamenta.

Berra es un trotamundos. Desde chico siempre le gustó viajar. A los 3 años se fue con su familia a vivir a Santiago del Estero, y allí creció y se crió. "Cuando terminé la secundaria agarré la mochila y viajé por muchos países. A fines de los 80 me fui a Israel, adonde viví mucho tiempo en una granja comunitaria (un kibutz) en Lehavot Haviva", recordó. En ese lugar conoció a Savita, su esposa, una mujer hindú sudafricana con quien hace 12 años se casó y se instaló en las afueras de Johannesburgo, la ciudad más grande de Sudáfrica.

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En Gerhardsville tiene su casa y una granja en la que cosecha su propia comida. Trabaja de maestro de español en un colegio Montessori que funciona en una sinagoga. "Desde marzo, la escuela está cerrada, más allá de que la cuarentena acá duró solo cinco semanas. Por la situación económica, el Gobierno decidió flexibilizar la situación, y eso produjo que el virus se desparramara porque la gente no tomó conciencia de la enfermedad", se lamenta.

Berra es profesor de español en una escuela Montessori ubicada en la ciudad de Johannesburgo.

"Acá hasta que no empezaron a ver los casos cercanos, la gente no tomó conciencia", dice. Hasta ayer Sudáfrica registraba 452.529 personas infectadas con Covid-19 y 7.067 muertes, según cifras oficiales. Estos números representan más de la mitad de los casos reportados en todo el continente africano. "La situación cada día que pasa es peor, así que espero que esto pase pronto por el bien de todos", resaltó.

Consultado sobre la esperanza que tiene acerca de la vacuna, Berra es un optimista. "Los doctores están muy entusiasmados por los resultados, porque comprobaron que se está logrando que la vacuna genere una doble defensa, por un lado que uno tenga los anticuerpos necesarios y por otro lado tengamos T3, que son los que atacan a la células infectadas", explicó haciendo la aclaración que no sabe "nada de ciencia".

"Hasta ahora, está saliendo todo bien y se han superado las Fases 1 y 2 exitosamente. Ahora, estamos en la Fase 3 y la próxima sería aprobar la vacuna", precisó. "Yo tengo mucha esperanza, creo que va a funcionar. Hay una luz al final del túnel. Lo que no se sabe todavía es cuánto tiempo duran los anticuerpos que uno genera gracias a la vacuna, pero eso es algo que se verá con el tiempo, el tiempo dirá", concluyó Berra.