Apoyada en las Fuerzas Armadas que contiene el conflicto social, la presidenta de facto, Jeanine Áñez, busca "pacificar" los conflictos sociales que estallaron tras la salida el golpe de Estado. Intenta aglutinar poder y sepultar la figura del mandatario depuesto.
Emprende una transición para "pacificar" el país.

A menos de un mes de asumir, la presidenta de facto de Bolivia, Jeanine Áñez echó a un funcionario en medio de graves acusaciones. Jerjes Justiniano dejó de ser el ministro de la Presidencia tras ser acusado de manipulación de la justicia y coacción contra una ex autoridad del ministerio de Comunicación.

En lugar de Justiniano, nombró al hasta ahora ministro de Obras Públicas Yerko Núñez. Pero más allá del cambio de nombres, lo que subyace en esto es la intención de Áñez de aglutinar poder y sepultar la imagen del depuesto presidente Evo Morales: Justiniano estaba ligado a Luis Fernando Camacho, quien sería proclive a aprobar una amnistía para Evo.

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"Hemos demostrado nuestra voluntad de escuchar y llegar a acuerdos con cada una de las organizaciones sociales, cívicas y plataformas ciudadanas que representan a la diversidad que somos los bolivianos", dijo Áñez.

En ese sentido, señaló que ese proceso de difícil y complejas gestiones ha sido culminado y que son conscientes de que aún mantienen diálogos con algunos sectores. "Prometemos nuestra buena fe para llegar a acuerdos".

"La pacificación y el paulatino retorno a la normalidad de todas las actividades productivas y sociales del país están avanzando sin pausa. Puedo afirmar que durante este periodo de transición ganó Bolivia", expresó.