Roberto Huarte es docente de la Facultad de Agrarias e investigador del Conicet. Se dedica a buscar soluciones a uno de los problemas del campo, a partir de técnicas “amigables” con el medio ambiente.
Huarte en el laboratorio, donde pasa gran parte del día,

Roberto Huarte es ingeniero, docente de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNLZ y desde 2015 se desempeña como investigador adjunto del Conicet. Como especialista, desarrolla experimentos para aportar soluciones al problema de las malezas en los cultivos, sin la utilización herbicidas.

El ámbito en el que se desarrolla se conoce cómo “ecología de malezas”, una especialización que apunta a comprender la naturaliza de este tipo de poblaciones vegetales para tratar de diseñar y planificar herramientas de control más amigables con el medio ambiente.

-¿Qué es una maleza?
-Una maleza es una especie vegetal que crece fuera de tiempo y espacio para una actividad agrícola determinada. Vos tenés un cultivo, por ejemplo maíz o girasol, y aparecen otras poblaciones vegetales que están compitiendo por el mismo conjunto de recursos.

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-¿Y qué consecuencias provocan?
-Reducen el rendimiento del cultivo principal, porque compiten por el agua o el sol.

-¿Y cuál es el método para combatirla?
- El modo tradicional es el control por químicos o herbicidas. La ecología de malezas tiene una mirada más amplia, donde se trata de convivir con estas poblaciones y busca reducir su tamaño por otras vías.

-¿Cuáles por ejemplo?
-En general, las semillas de malezas tienen un estado de dormición, y si tiene la temperatura y disponibilidad de agua, germinan. Sabiendo que las malezas tienen dormición y que necesitan ciertas señales del ambiente para germinar, lo que se hace es prevenir que todo lo que requieren les llegue. Si uno es eficiente en sacarle la información que estas semillas necesitan, se evita que germinen.

-¿Cómo se logra eso?
-Por ejemplo, si una especie requiere de luz, lo que se hace es evitar que le llegue. En un caso en que la semilla de maleza esté sobre el suelo o a dos o tres centímetros de la superficie, lo que se puede hacer es enterrarla con distintas herramientas (arado, rastra). Se invierte el suelo y se envía la semilla a 10 centímetros de profundidad para que no le llegue la luz.

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-¿Y hasta dónde llega su área de investigación?
-La idea es en función del problema particular del campo, saber cuáles son las malezas principales, buscar información o generarla (para actuar en consecuencia).

El trabajo de Huarte, no obstante, no termina allí. “Uno a veces se entera que aparecen especies más resistentes, y entonces se interesa y comienza a investigar”, sostiene el investigador, que comenzó a montar un laboratorio de semillas propio en la Facultad Agrarias con el objetivo de realizar los experimentos aquí, en Lomas.