En miles de películas americanas, en especial en las más añejas, se repite la escena de los presos en sus respectivas celdas están tachando con satisfacción sobre un calendario escrito en la pared los escasos días que le quedan para recuperar su ansiada libertad.

Ok, no será para tanto y sin caer en ese duro dramatismo carcelario, ni en la cotidianeidad de un convicto, todos los integrantes que componen el sistema educativo, sin excepción alguna (hagamos cargo), están haciendo algo parecido a esos tipos con ese ridículo uniforme a rayas sobre sus propios almanaques, reales o imaginarios.

No hay que caer en un ejercicio de honestidad brutal para blanquear que el almanaque es lo más importante por estos días.

En la recta final de noviembre y con el último mes del año a la vuelta de la esquina y tocando bocina, desde las autoridades, pasando por los docentes y llegando a los alumnos, todos (o casi) están con la lengua afuera.

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Todos los que están adentro de una institución educativa están con una luz roja que titila en el tablero indicando que quedan sólo las últimas gotas de nafta en el tanque, cuando aún quedan unos kilómetros por transitar.

A pesar de que se miré a un calendario, ya sea esos impresos o los que vienen en el celu, quedan bastante camino por recorrer para todas y todos.

Para colmo, los directivos en su abnegada tarea saben que esta no se vaya el último profesor o el más rezagado alumno, la faena no está terminada y casi que cierran la escuela cortando el pan dulce y descorchando la sidra.

Tampoco para los docentes, que aún deben cerrar notas, trimestres y además de dar el presente en las dichosas mesas de diciembre lenta cuenta regresiva. Incluso las madres y padre de los alumnos llegan con lo justo al fin del año lectivo.

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Los auxiliares, preceptores y otros actores fundamentales del sistema educativo también están en las misma, metidos en esta

Para algunos alumnos la cosa ya está casi terminada, listo el pollo para ellos no se llevaron ni una materia y ya tienen la cabeza en otra cosa.

El asunto es distinto para que los que se llevaron materias a examen, mucho peor hasta aquellos que se llevaron hasta hora libre y recreo a diciembre.

No se puede adelantar el almanaque, no hay caso, y el tiempo va seguir su curso normalmente, mejor tomárselo con calma y pedirle el lápiz a algún convicto para seguir tachando los días que quedan hasta fin de este 2019.