En la madrugada del martes 25 de octubre de 1938, Alfonsina Storni abandonó la habitación del hotel donde se hospedaba en Mar del Plata y se dirigió en soledad a la playa La Perla.

La noche anterior, su hijo Alejandro no pudo dormir. En la mañana siguiente, lo llamó la dueña del hotel para ponerlo al tanto que le habían reportado que su madre estaba cansada, pero bien.

Esa mañana, la mucama Celinda había golpeado la puerta del dormitorio de Alfonsina para servirle el desayuno y no obtuvo respuesta del otro lado de la puerta. Ante este panorama, pensó que era mejor dejar descansar a la ilustre huésped y fue lo que le informó a la dueña del hotel.

Todo cambió cuando dos obreros descubrieron el cadáver de Alfonsina en la playa y se difundió la trágica noticia. Su hijo se enteró a través de la radio y el cuidador del hotel se lo confirmó por teléfono.

Sin testigos, hay dos versiones sobre el suicidio de Alfonsina. Algunos dicen que se internó con lentitud en las aguas del mar, mientras que los investigadores apuntan que se arrojó al Atlántico desde una escollera.

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Alfonsina eligió el suicidio en el mar y de esa muerte poética se construyó una leyenda, al margen de su rico legado literario y personal. Al momento de su muerte tenía apenas 46 años y tiempo atrás se le había diagnosticado cáncer.

Alfonsina nació en Suiza, luego que sus padres regresen a su tierra natal por cuestiones de negocios. “Me llamaron Alfonsina, que quiere decir ‘dispuesta a todo’”, aseguró sobre el origen de su nombre, que fue una suerte de profecía autocumplida.

Después del fracaso de la cervecería familiar, la familia se marcharía a Santa Fe para iniciar una nueva vida y luego recalaron en Rosario, donde la escritora fue mesera.

Al independizarse, fue actriz, entrenadora de declamación, periodista y poeta, primero romántica y melancólica, poco después reflexiva y comprometida con el anarquismo. El feminismo de Alfonsina fue precursor y sumamente audaz para su tiempo, no sólo en sus artículos sino también en el teatro, en donde también incursionó.

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Sus piezas que fueron resistidas por el masivo de la crítica a cargo de hombres que, a su vez, todavía colocaban a la mujer en un segundo plano socio político, resignadas a la vida doméstica o a trabajos menesterosos.

El lema “Ni dios, ni patrón ni marido” fue clave en la vida de Alfonsina, que fue madre soltera cuando esa condición era condenada por la sociedad, que supo, además, construir un fuerte vínculo con el escritor uruguayo Horacio Quiroga, hasta que éste se fue a vivir al Norte argentino, quedando ella nuevamente cara a cara con su destino, siempre en soledad y amenazado por la melancolía.

Su figura inspiró documentales, biografías y piezas teatrales. También “Alfonsina y el mar”, de Ariel Ramírez y Félix Luna, una de las más bellas composiciones del cancionero argentino.