La leyenda asegura que Robert Johnson era un guitarrista del montón, uno de los tantos que pululaban por la zona del Delta del Mississippi en los albores del Siglo XX. Incluso, hubo quienes aseguraron que los músicos consagrados no querían compartir escenario con él, por su tosco modo de tocar.

Esa misma historia da cuenta que ese ignoto guitarrista desapareció por un tiempo de los tugurios del Delta y al regreso era otro, con una forma de tocar única y que nunca se había visto antes.

El mito dice que Robert acudió en medio de la noche al cruce de las autopistas 49 y 61 en Clarksdale, Mississippi. Allí le vendió su alma al diablo a cambio de ser el mejor guitarrista del mundo. El ritual consistió en darle la guitarra al mismísimo Lucifer y éste se la devolvió afinada dándole unas dotes artísticas que antes no tenía.

Esta leyenda y la vida de su protagonista se pueden ver en “La Encrucijada del Diablo”, un documental que está disponible en Netflix. “No existen canciones de blues o rock que no tengan acordes de Robert Johnson”, asegura uno de los entrevistados a comienzos del documental y no miente.

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En el film, más que recomendable, aseguran la gran influencia que tuvieron de Johnson violeros del calibre de Eric Clapton, Keith Richards y TajMahal, entre otros.

Los testimonios coinciden en que aquel legendario músico sentó las bases del blues y también las del rock & roll y que su modo de tocar, de cantar y de componer no tiene precedentes.

En el documental también habla su nieto y hay un notable trabajo de investigación, a pesar de las escasas fuentes confiables que tienen en el presente.

Robert Johnson había nacido en Mississippi en 1911, fruto de un encuentro extramatrimonial de su madre, Julie Ann Majors, con el aparcero Noah Johnson.

El borracho y mujeriego Robert Johnson parecía sentar cabeza en 1929 cuando se casó con Virginia Travis, una joven de 16 años. Pero entonces llegó la tragedia: Virginia estaba embarazada y murió junto a su bebé durante el parto en 1930.

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A partir de aquí se dedicó a viajar como un espíritu errante y se refugió dedicándose en cuerpo y alma a algo que no podría perder: el blues.

Apenas llegó a grabar un puñado de temas, que aún se conservan, y fue el encargado de inauguran el funesto “Club de los 27”, al que se asociaron otros fallecidos a esa edad, como  Brian Jones, JimiHendrix, JanisJoplin, JimMorrison, KurtCobain y AmyWinehouse.

El ritual consistió en darle la guitarra al mismísimo Lucifer y éste se la devolvió afinada dándole unas dotes artísticas que antes no tenía.

Bebió de una botella de whisky abierta, haciendo oídos sordos a las advertencias, y murió envenenado por un marido celoso. Nadie reclamo sus restos y hay tres tumbas con nombre en el Sur de los Estados Unidos y sólo hay dos fotos de él, como para atizar la leyenda.

Para allá de lo poco verosímil que fue su encuentro con el diablo, si está probado que Robert Johnson es uno de los padres del blues y su forma de tocar sigue siendo materia de estudio.