Casi todos los mortales recuerdan durante toda su vida a algún docente que tuvieron durante su paso por el sistema educativo, casi no hay excepciones a las vista.

Pueden de ser de cualquier nivel, del jardín, la primaria, de la secundaria o de la educación superior. Incluso también dentro de la educación no formal, todo vale para llevar un recuerdo vivo a través del tiempo.

También hay recuerdos poco gratos, de esos que tampoco la mayoría puede olvidarse, como aquel docente que bochó sistemáticamente a un alumno y aquellos que dejaban mucho que desear en el ejercicio de su profesión, entre otros casos de esta índole.

Pero mejor vayamos a los que dejaron lindos recuerdos y por un rato, al menos, nos olvidamos de los otros.

Casi nadie puede olvidarse de sus primeras maestras, como la de 1º grado, ese recuerdo es casi imborrable, incluso para las personas más insensibles que se nos crucen por ahí. Incluso las seños del jardín, todo eso está guardado en los confines de la memoria de cada uno.

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Hay docentes que colaboraron, en mayor y menos medida, a definir la profesión de muchos de sus alumnas y alumnos. Motivo para tenerlos siempre en consideración.

Quizá por la forma de dar determinada materia o por haber aconsejado acertadamente a algún alumno que no estaba del todo bien rumbeado esa o ese profe quedaron para ese grato e imborrable recuerdo.

Incluso hay quienes fueron docentes al observar a quienes tuvieron al frente de la clase, incluso tomándoles prestadas sus estrategias pedagógicas.

Otros, tal vez, se decidieron por estudiar Historia por el incentivo de quien les transmitió esos conocimientos, por citar arbitrariamente una disciplina.

Lo afectivo juega y mucho. Esos educadores de enormes condiciones humanas, sin que esto los tire abajo en sus conocimientos, los convierte personajes entrañables de los que sería una verdadera pena olvidar.

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También tienen lo suyo los que se compraron al alumnado por su picardía, por la forma de utilizar el humor como recurso en clase y que dejaron su huella imborrable en algunos.

Quizá en otros ámbitos, como el universitario, nadie puede olvidar a esos docentes que dictaron clases magistrales, transmitiendo su frondoso conocimiento, dejando su legado a las nuevas generaciones.

Es probable que esos docentes, esos que te marcaron, sean la figurita repetida para contar una y otra vez la misma anécdota, pero como está muy buena, nadie te dice que dejes de contarla a pesar de que ya se la saben de memoria.

De esos docentes muchos se acuerdan hasta cómo se vestían, del tono voz y hasta de qué cuadro eran. Quizás muchas y muchos docentes ni lo sepan y ni siquiera se lo imaginan,  pero son protagonistas estelares de los recuerdos de un tendal de sus exalumnos.