"Lloré tanto como esa mañana", comentó a través de una serie de audios de WhatsApp que difundió su abogada, Raquel Hermida. Y dice que ahora busca "sacarse una pesada mochila" para seguir con su vida.
Giuliana ahora tiene 25 años y lucha para que otras mujeres no tengan que pasar por lo que ella pasó.

Giuliana Peralta respira profundo. Toma una bocanada de aire y junta fuerzas para hablar. Cuenta todo lo que tuvo que padecer desde aquel 16 de marzo de 2014, cuando fue abusada por el exfutbolista Alexis Zárate, y el camino que tuvo que recorrer a partir de su denuncia. Ahora, con 25 años, pide cambios para que mejore "el trato de la Justicia" hacia las víctimas y sobre todo busca "sacarse una pesada mochila" para seguir con su vida.

Giuliana habla con valentía. Lo hace apenas 72 horas después de que el exdefensor de Temperley fuera detenido y quedara otra vez tras las rejas. Relata cómo la tuvo que pelear para que le creyeran. "Tuve que soportar que digan que quería fama o plata, que me descrean o que dejen el lugar a la duda", dice.

Se enteró de la noticia de la captura de Zárate cuando volvía del trabajo, manejando en su auto. "Empecé a llorar tanto como esa mañana intentando volver a mi casa, y cuando llegué se acercó mi familia para contenerme como lo hicieron todos estos años", expresó.

El futbolista fue detenido el viernes pasado en la puerta de su casa de Avellaneda luego de que la Suprema Corte de la provincia de Buenos Aires rechazara un recurso extraordinario presentado por los abogados del jugador para que su caso fuera revisado. Quedó alojado en la Comisaría N°2 hasta que el Servicio Penitenciario le asigne un lugar en un penal.

Zárate fue detenido el viernes en la puerta de su casa y luego trasladado a la Comisaría 2° de Avellaneda.

"A partir de hoy voy a intentar sacarme esta mochila tan pesada que cargué todos estos años para seguir con mi vida. Fueron años muy duros, puse mi cuerpo y mi alma. Muchas veces estuve a punto de caerme, pero estoy orgullosa de haber llegado hasta el final”, dice ahora desde su casa. Quiere que otras sepan lo que tuvo que pasar, para luchar contra eso.

"Mi caso se hizo público sin mi consentimiento, porque él y los implicados eran jugadores de fútbol", explicó la joven. "Quiero que se entienda que las que pasamos por una violación no queremos contarlo. En mi caso se lo conté a mi mamá, porque me vio con la cara totalmente desfigurada del llanto", recordó.

Con el acompañamiento de su familia, Giuliana hizo la denuncia en la comisaría de Avellaneda y lo que siguió a partir de ahí fue un laberinto judicial. Recibió presiones y amenazas de todo tipo, después vinieron las pericias y la revictimización.

"Ahí fue cuando comenzó mi segunda tortura, me llevaron a hacerme hisopados vaginales y anales, y otras pruebas físicas por un médico hombre. ¿Se entiende? Después de haber sido violada, tener que pasar por un médico hombre, desnuda", agregó.

Cuenta que pasó por tres pericias psicológicas y psiquiátricas, porque los abogados de la defensa buscaban desacreditarla. Comenzó terapia y por errores procesales varias veces fue citada a declarar lo que había padecido, contestar preguntas y hacerse tests.

Giuliana relató que luego de que Hermida Leyenda tomara su caso y "sacara la causa del cajón, donde estaba literalmente archivada y sin ningún tipo de futuro favorable posible", se dio cuenta de que "había muchos arreglos internos". "Llegamos a juicio en septiembre de 2017 y duró una semana, la peor semana de toda mi vida", continuó.

"Una vez ganado el juicio, la otra parte hizo una apelación, así que nos presentamos en Casación y fui a acompañar a mi abogada, porque también quería hablar y ver a los ojos a los jueces, la mayoría eran señores mayores", recordó. Ese mismo día se enteró de que el exfutbolista "estaba jugando en Letonia, un país sin extradición en Argentina".

A partir de ahí tuvo que seguir luchando para que su abusador no quedara impune y terminara tras las rejas. "De una vez por todas tenemos que terminar con todo tipo de violencias hacia nosotras. No venimos a este mundo para ser sometidas, calladas, golpeadas, violadas y asesinadas", resaltó con firmeza.

"La sociedad entera debe cambiar, la Justicia tiene que cambiar y protegernos. Nos tienen que dar las herramientas para que denunciar no sea un proceso tan desagradable para las víctimas. Somos muchas y estamos juntas. Y no nos callamos más”, cerró.