En estas líneas ya hablamos muchas veces de los olfas. Conocidos también como chupamedias u orejas entre otros términos peyorativos y poco felices.

Son de ese tipo de alumnas y alumnos que están muy pendientes del docente, le preguntan sobre la familia y hasta por el perro. También lo adulan sin motivos, como por la ropa que tienen puesta, que es casi la misma de todos los días. Claro, está actitud los condena frente al resto de sus compañeros, pero ser olfa es más fuerte y no le dan bola a nadie.

Hecho este repaso, el olfa típico, ese que se encuentra en todas las aulas argentinas, tiene que adaptarse a los días que corren, a la cuarentena y a ser un chupamedias en versión virtual. Todo un desafío.

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Pero el olfa todo lo puede y la distancia no va a amainar sus deseos de ser un oreja de aquellos, se trata de buscarla la vuelta y listo el pollo.

En el Zoom, tan de moda por estos tiempos, se lo ve con su carita prestando atención al extremo, sin importarle lo que pasa en su casa. Ahí está firme, como rulo de estatua, a pesar de que el perro ladre como loco, que toquen el timbre los del correo o que su hermanita menor no pare de hacer un bolonqui de aquellos.

También, en este mundo virtual, harán preguntas por doquier, a pesar de haber entendido la explicación de la docente de esa clase a distancia. La cosa es hacer notar su presencia olfa a través de la pantalla de la compu.

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Lo mismo en un foro. Acotarán lo innecesario con tal de no perder su lugar de olfas, incluso sumando felicitaciones al docente que no vienen al caso.

También responderán los mails en menos de lo que canta un gallo y con preguntas a los profes, en especial cómo surfean la cuarentena, le explicarán cómo hacer tapabocas caseros y sigue la lista.

Como pueden regalar una manzana, de esas bien rojas, como hacían los olfas de antaño, se convierte y hace lo suyo adaptándose a lo que hay, siendo un auténtico olfa virtual.