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Diego es un ejemplo de vida y lo premiaron por su solidaridad

pensar en el otro en medio de la pandemia. El Club Temperley, del cual el joven es hincha, lo eligió para que otro socio le abonara cuatro cuotas por sus buenas acciones. La historia detrás de un chico que pasó momentos difíciles de salud, trabaja en un merendero, hace delivery de pizzas y vive para su hija Celeste Luján.

Realizar acciones solidarias es moneda corriente por estos días. Hay miles de historias detrás de toda esa gente que día a día pone su granito de arena en busca de abrigarle el alma a los más necesitados desde que se decretó la cuarentena.

Hace poco más de una semana, un socio de Temperley, identificado con el nombre de Gabriel, se ofreció a pagarle cuatro cuotas a otros dos por el gran aporte que están realizando en el club. Y uno de los beneficiados fue Diego Otero, que trabaja en el merendero Copita de leche, de José Marmol, que alberga a 94 chicos y sus familias.

La Unión se hizo eco de la noticia. Y ahora Mirta Herrera, mamá de Diego, cuenta la historia que hay detrás de esta humilde persona que se desvive por Temperley y por brindarle todo su amor a su hija Celeste Luján, el gran sostén de su vida.

"Detrás de esa persona solidaria y de buen corazón que ama al club Temperley hay una muy especial: sufre de una enfermedad diagnosticada al mes de vida que le trae una discapacidad del 80%, pero que la lleva lo mejor posible".

Diego no puede realizar cosas que le gustarían, como conseguir un buen empleo, pero no decae y siempre busca la manera de encontrar una salida. "A los 10 años se le rompieron las cápsulas sinoviales de ambos codos, que le traen consecuencias por el desgaste y astillamientos de sus huesos", explicó Mirta sobre el problema de su hijo.

Nueve años después, Diego sufrió de un hematoma subdural. "La pasó muy mal y los doctores no daban ninguna posibilidad de vida, pero salió adelante sin secuelas porque Dios le dio una posibilidad más de vida", relató Mirta. Hoy, gracias a un amigo que puso una pizzería, Diego realiza el delivery. Y con eso ayuda a su hija Celeste Luján. ¿Alguna duda del por qué de sus nombres? Uno, obvio, por el Club Atlético Temperley, el otro por la Vírgen, a la cual le pidió tanto en los momentos más difíciles de su vida.

"Es una persona muy servicial. Vive para Temperley, respira Temperley. Su vida es Temperley, aparte del amor incondicional por su hija. Ahora está ayudando al club con unas ventas online. El delivery es otro estímulo. Y el merendero Copita de leche también lo tiene muy ocupado junto a un grupo de amigos. Ahí juntan los alimentos no perecederos y todo lo que dona la gente, para él es una forma de dar una mano a quiénes lo necesitan", agregó Mirta.

Ella está muy agradecida con esa persona, ese hincha anónimo, que se ofreció a pagar las cuotas. "El club le dijo que tenían una sorpresa para él. No lo podía creer. De repente, alguien que no conoce ni sabe bien quién es tuvo este gran gesto. Diego me dijo que algún día le gustaría conocerlo", manifestó una madre orgullosa. Tal vez, los destinos de Gabriel y Diego se habrán cruzado alguna tarde o noche de Beranger, alentando a su querido Gasolero.

"Él se siente muy bien ayudando a la gente en este tiempo de pandemia. Por eso agradezco el pequeño gran regalo que le hicieron. Es tan lindo saber que con mínimas cosas se puede acariciar de tal manera el corazón de alguien. Gracias de parte de la familia de Diego por hacerlo sentir tan fel

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